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                            El Papa Benedicto clausurará jornada de oración por la Unidad de los Cristianos
VATICANO, 17 Ene. 06 (ACI).-El Papa Benedicto XVI clasurará el próximo miércoles, fiesta de la Conversión de San Santo Padre Pablo, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que tradicionalmente se celebra del 18 al 25 de enero.
El tema elegido para 2006 es “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy  yo en medio de ellos”, tomado del  Evangelio según San Mateo.
Según informó la Sala de Prensa de la Santa Sede, los textos de este año han sido preparados por un grupo ecuménico de Dublín (Irlanda), designado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y la Comisión “Fe y Constitución” del Consejo Mundial de Iglesias.
Los temas para cada día de la semana, que comienza este miércoles son:
18 de enero: “Unidos por la presencia de Cristo. "Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo”. (Ef 4,5-6).
19 de enero: Edificar la unidad de los cristianos con Jesús entre nosotros. Ecumenismo diario. “También vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”. (Jn 13,14).
20 de enero: "Orar juntos en el nombre de Jesús. "El Señor espera el momento para apiadarse de vosotros". (Is 30,18).
21 de enero: Del pasado al futuro: perdón y purificación de la memoria. "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete". (Mt 18,22).
22 de enero: La presencia de Dios entre nosotros: un llamado a la paz. "El Señor está con nosotros". (Sal 46).
23 de enero: Ser misioneros en el nombre de Jesús. "Vuestro Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños". (Mt 18,14).
24 de enero: Reconocer la presencia de Dios en el otro: aceptar al otro en nombre de Jesús. "El que acepta en mi nombre a un niño como éste, a mí me acepta". (Mt 18,5).
25 de enero: Unidos en la esperanza. "Cuando llegue aquél día, comprenderéis que yo estoy en mi Padre; vosotros en mí y yo en vosotros". (Jn 14,20).
El miércoles 25 de enero, el Papa Benedicto XVI presidirá a las 17:30 (hora de Roma) en la Basílica de San Pablo   Extramuros la celebración de las Vísperas, clausurando  la Semana de Oración por   la Unidad de los Cristianos.
Los cinco principales ritos orientales son: antioqueno, alejandrino, bizantino, armenio y caldeo, rito que utiliza el arameo.
                                       Crisis en la automoción Tentados por una cultura laicista; La asignatura de religión no puede ser evaluable al tratarse de cuestiones de fe...!!
               Ortega, Unamuno y el Estatut de 1932

                              ALBERT MANENT - La Vanguardia 04/01/2006
El excelente periodista J. M. Sòria ha exhumado algunos textos y situaciones de cuando se discutió el Estatut republicano. El ambiente en algunas ciudades se caldeó, irracionalmente como ahora, y así las universidades de Sevilla y Valladolid atacaron el proyecto de Estatut antes de su discusión y las diputaciones de Castilla la Vieja hicieron lo mismo. También proclamaron su hostilidad cámaras de comercio de Castilla y el colegio de notarios. E incluso hubo un mitin en la plaza de toros de Zaragoza contra el proyecto.
Desempolvando discursos parlamentarios de dos grandes intelectuales como Ortega y Unamuno, reaparece una actitud unitarista, matizada en el primero, y la reticencia a la cooficialidad del catalán, en el segundo y hostil en general.
Ortega, en su libro La redención de las provincias (1931), criticó que la política se decidiera en Madrid: "Confundían la nación con su centro", y proclamaba con una altivez muy castellana que, aunque se destacaran comarcas o regiones, las provincias habían de marcar el nuevo estilo político: "De ellas ha de renacer España". Sorprende este énfasis, como si la artificiosa división provincial de Javier de Burgos, en 1833, fuera una panacea.

Repasando los discursos de Ortega durante la discusión del Estatut, editados por Revista de Occidente en 1932, y leyendo la imprescindible obra de J. M. Roig i Rosich L´Estatut de Catalunya a les Corts Constituents (1978), podemos ahondar, aunque sea superficialmente, en el pensamiento orteguiano.
No hay duda de que con altura intelectual y visión política, Manuel Azaña fué quien hizo la defensa magistral de la necesidad del Estatut, porque lo consideraba pieza fundamental de la organización del Estado. Pero encontró mucha oposición, no ya en la derecha clásica, sino en la derecha republicana, y no es extraño que Miguel Maura le espetara que se hubiera metido en una "loca aventura". Pero el jefe del partido Acción Republicana no se arredró.
En cambio Ortega acuñó su famosa frase, tan repetida: "Yo sostengo que el problema catalán es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar", aunque la conllevancia ha de ser mutua. Y añadía: "Es un problema perpetuo, que ha sido siempre, antes de que existiese la unidad peninsular, y seguirá siendo mientras España subsista". Ortega califica el catalanismo de "nacionalismo particularista" y de "apartismo". A pesar de su elegante señorío y de un estilo fulgurante, que desde mi juventud he admirado, Ortega era un jacobino moderado, aunque se da cuenta de la angustia que el destino provoca en muchos ciudadanos. Por otra parte, admira y teme la vitalidad de los catalanes y afirma que en lo social "todas las cosas subversivas que han acontecido en España vinieron de Barcelona", y hace una irónica afirmación muy significativa: "Si un día se juntan allí los obispos (catalanes), ya veréis cómo los báculos se vuelven lanzas". El filósofo era enemigo del federalismo que se planteó en las Cortes y al debatirse "estaba aterrado en una madrugada lívida".
Entre tanto, los jabalíes de la izquierda (radicalsocialistas) y de la derecha (Royo Villanova) obstruían y alargaban el debate. Autonomistas gallegos, vascos y, naturalmente, catalanes se pronunciaban a favor y capeaban el temporal. El más radical sería el infortunado Carrasco i Formiguera, que defendía el Estatut de Núria.
Ortega abogaba por dobles instituciones en educación, por ejemplo dos universidades, pero defendía el traspaso del orden público porque decía que no hay que permitir que se entregue al poder catalán sólo "la parte más mollar y fecunda de la gobernación". Se opone, en cambio, a traspasar a Catalunya "alguna contribución económica importante" y subraya con ahínco la "soberanía unitaria", y habla de "la gran nación" y la "España compacta". Se defiende de los ataques de Amadeu Hurtado, al que califica de "un poco hiena", pero al final apostilló que el Estatut de Catalunya "será de gran fecundidad para España".
Unamuno intervino poco en la discusión del Estatut porque su aportación importante fué durante la discusión de la Constitución de 1931. En su discurso sobre la lengua española, don Miguel, con pasión y emoción, hilvanó de nuevo sus viejos conceptos, incrustó en sus discursos varias citas en catalán y gallego y una en vasco para proclamar la agonía del euskera, al que el pueblo - dijo- no quiere conservar. Caricaturizó la lengua y la cultura de los valencianos y recordó su metáfora de la espingarda y el máuser, pero elogió a Pompeu Fabra. Enfatizó la supremacía del castellano, se proclamó jabalí y bendijo la "renación española".
Me resisto a no utilizar el tópico de que la historia comienza a repetirse.