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Un nuevo pontificado.- Fumata blanca
a las 17:52 . ¡HABEMUS PAPAM!
Oremos
por nuestro nuevo
Papa: «Oh Dios, que en el proyecto de tu sabiduría
has edificado a tu Iglesia sobre la roca de Pedro, cabeza del colegio apostólico,
protege
y sostén a nuestro Papa BenedictoXVI.:
tú que lo has elegido como sucesor de Pedro, haz que sea para tu pueblo
principio y fundamento visible de la unidad en la fe y de la comunión
en la caridad. Por Cristo Nuestro Señor». Recibamos
su
primera
bendición Urbi et Orbi
con sus mismas
palabras:
¡Gracias, Jesús, por tu amistad! 19-4-2005
Homilía de Benedicto XVI en la Basílica
de San Pablo Extramuros 25-04-2005
ROMA, lunes, 25 abril 2005 (ZENIT.org).-
Publicamos la homilía
que pronunció en la tarde de este lunes el Papa Benedicto XVI al visitar
el sepulcro
del apóstol de las gentes en la Basílica de San Pablo Extramuros.
Señores cardenales,
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas:
Doy gracias a Dios porque al inicio de mi ministerio de sucesor de Pedro
me concede detenerme en oración ante el sepulcro del apóstol
Pablo. Para mí es una peregrinación sumamente deseada,
un gesto de fe que realizo en mi nombre, pero también en nombre de
la amada diócesis de Roma, de la que el Señor me ha constituido
obispo y pastor, y de la Iglesia universal confiada a mi solicitud pastoral.
Una peregrinación por así decir a las raíces de la misión, de esa misión
que Cristo resucitado confío a Pedro, a los apóstoles y, en
particular también a Pablo, llevándole a anunciar el Evangelio
a las gentes, hasta llegar a esta ciudad, donde después de haber
predicado durante mucho tiempo el Reino de Dios (Hechos 28, 31), rindió
con la sangre el último testimonio de su Señor, que le había
«conquistado» (Filipenses 3, 12) y enviado.
Ya antes de que la Providencia le llevara a Roma, el apóstol escribió
a los cristianos de esta ciudad, capital del Imperio, su carta más
importante desde el punto de vista doctrinal. Se acaba de proclamar
su inicio, un denso preámbulo en el que el apóstol saluda
a la comunidad de Roma presentándose como «siervo de Cristo
Jesús, apóstol por vocación»
(Romanos 1,1). Y luego añade: «por [Cristo] recibimos
la gracia y el apostolado, para predicar la obediencia
de la fe a gloria de su nombre entre todos los gentiles»
(Romanos 1,5).
Queridos amigos, como sucesor de Pedro, estoy aquí para reavivar
en la fe esta «gracia del apostolado», pues Dios, según
otra expresión del apóstol de las gentes, me ha confiado
«la preocupación por todas las Iglesias» (2 Corintios
11, 28). Ante nuestros ojos está el ejemplo de mi amado y venerado
predecesor Juan Pablo II, un Papa misionero cuya actividad entendida de este
modo, testimoniada en más de cien viajes apostólicos más
allá de los confines de Italia, es verdaderamente inimitable.
¿Qué es lo que le llevaba a un dinamismo así
si no es el mismo amor de Cristo que transformó la existencia de san
Pablo (Cf. 2 Corintios 5, 14)? Que el Señor infunda también
en mí un amor así para que no me quede tranquilo ante las
urgencias del anuncio evangélico en el mundo de hoy. La
Iglesia es por su naturaleza misionera, su tarea primaria es la evangelización.
El Concilio Ecuménico Vaticano II ha dedicado a la actividad misionera
el decreto denominado precisamente «Ad
gentes», en el que se recuerda que «los apóstoles…
siguiendo las huellas de Cristo, predicaron la palabra de la verdad y engendraron
las Iglesias». «Obligación de sus sucesores es dar perpetuidad
a esta obra para que la palabra de Dios sea difundida y glorificada y se
anuncie y establezca el reino de Dios en toda la tierra» (n. 1).
Al inicio del tercer milenio, la Iglesia siente con renovada fuerza que
el mandato misionero de Cristo es más actual que nunca. El gran Jubileo
del año 2000 la ha llevado a «recomenzar
a partir de Cristo», contemplado en la oración,
para que la luz de su verdad se irradie a todos los hombres, ante todo con
el testimonio de la santidad. Me gusta recordar el lema que san Benito
propuso en su «Regla», al exhortar a sus monjes a «no
anteponer nada al amor de Cristo» (capítulo 4). De hecho,
la llamada en el camino de Damasco llevó a Pablo precisamente a esto:
a hacer de Cristo el centro de su vida, dejando todo por el sublime conocimiento
de Él y de su misterio de amor, comprometiéndose después
a anunciarlo a todos, en especial a los paganos «a gloria de su nombre»
(Romanos 1, 5). La pasión por Cristo le llevó a predicar el
Evangelio no sólo con la palabra, sino también con la misma
vida, que cada vez se conformó más a la de su Señor.
Al final, Pablo anunció a Cristo con el martirio, y su sangre, junto
a la de Pedro y a la de tantos testigos del Evangelio, irrigó esta
tierra e hizo fecunda a la Iglesia de Roma, que preside la comunión
de la caridad (Cf. san Ignacio Antioquía, Carta a los Romanos, 1,
1).
El siglo XX ha sido un tiempo de martirio. Lo puso claramente de relieve
el Papa Juan Pablo II, quien pidió a la Iglesia «actualizar
el martirologio» y canonizó y beatificó a numerosos
mártires de la historia reciente. Por tanto, si la sangre de los mártires
es semilla de nuevos cristianos, al inicio del tercer milenio es lícito
esperarse un nuevo florecimiento de la Iglesia, especialmente allí
donde más ha sufrido por la fe y el testimonio del Evangelio.
Confiamos este deseo a la intercesión de san Pablo. Que alcance
para la Iglesia de Roma, en particular para su obispo, y para todo el pueblo
de Dios, la alegría de anunciar y testimoniar a todos la Buena Noticia
de Cristo Salva
Un católico británico en la
plaza de San Pedro
Francis Campbell, nuevo embajador de Londres ante el Vaticano, fué
elegido a partir de un anuncio.
Es el primer católico que representa a la monarquía británica en el Vaticano
en cuatrocientos años.
RAFAEL RAMOS - 24/12/2005 Londres. Corresponsal
de La
Vanguardia
La Casa Blanca no es fácil, el Elíseo no digamos, Bruselas
es blanco de los dardos envenenados de los euroescépticos, las presiones
en Tel Aviv son enormes y Riad es una provocación permanente. Pero
de todas las embajadas del Foreign Office, tal vez la más delicada
sea la de la Santa Sede, y eso que han pasado siglos desde que Enrique VIII
denostaba al Papa y cortaba cabezas. El puesto de embajador del Reino Unido
ante el Vaticano requiere tanta sutileza, finura y mano izquierda que el
Gobierno Blair incluso anunció el puesto en los periódicos
y a través de internet, a la espera de que apareciese el candidato
perfecto, esa joya de la corona que representase al 20% de ciudadanos británicos
que se declaran católicos, pudiera tener una buena química
con Benedicto XVI y no presentase un problema para la mayoría anglicana del país.
Se presentaron un total de 120 candidatos, animados por el buen sueldo,
el prestigio de la posición, la belleza de Roma y la fabulosa residencia
del embajador de Londres en la ciudad de las siete colinas. Pero el elegido
resultó un hombre de la casa, hijo de un granjero del Ulster, ex seminarista,
nacionalista moderado, socialdemócrata, ex director de política
de Amnistía Internacional, ex secretario privado de Tony Blair y hasta
ahora primer secretario de la legación diplomática en Roma.
O sea, que se conoce perfectamente el percal. Francis Martins-Xavier Campbell,
nombre completo del nuevo emisario, hizo historia desde el preciso momento
en que ayer presentó las cartas credenciales, ya que se trata
del primer católico que ocupa el puesto en 400 años, y del primer
católico del Ulster que representa a Gran Bretaña en el mundo
desde la independencia de Irlanda. El Reino Unido se pasó tres siglos
y medio sin relaciones en el Vaticano desde la ruptura
de Enrique VIII, y desde que las reanudó
en 1919 tan sólo protestantes han tenido el honor de
dirigir la embajada, porque no convenía que "se dejasen deslumbrar
demasiado por el Papa romano".
Preguntado al respecto, el embajador Campbell - el más joven de todo
el cuerpo diplomático británico, con 35 años- se ha
salido por la tangente con la habilidad propia de su posición, señalando
que ve a Benedicto XVI como "un líder religioso destacado, con una
autoridad reconocida en todo el mundo y no sólo por los cristianos".
Lo cierto es que la sociedad del Reino Unido se ha modernizado mucho, la
primera dama, Cherie Blair, es católica, miembros de la
familia real se han pasado a la religión de Roma y la rivalidad
que se desató hace cuatro siglos está tan diluida que casi
no se nota, excepto en Escocia e Irlanda del Norte, donde Campbell tiene
sus orígenes.
La tribalidad y el sectarismo no le son en absoluto desconocidos, ya se
manifiesten a través del fútbol o de la religión.
El Papa, al recibir las cartas credenciales, apludió los avances
hacia la resolución del conflicto de Irlanda del Norte, defendió
la vida y el matrimonio, y se comprometió a promover la armonía
y la reconciliación entre los grupos raciales de Gran Bretaña.
21`37:R.I.P.
J.P.II CIUDADDELVATICANO, lunes, 21 febrero 2005.-Juan Pablo II dedica quince
minutos al arzobispo
de Tarragona y le
pregunta con interés por sus sacerdotes. Unamisa en la basílica de San Pablo Extramuros
presidida por el arzobispo de Tarragona, acompañado de los arzobisposde
Barcelonay
Santiago de Compostela.
Plegaria:
"En acción
de gracias por el despertar mariano de Juan Pablo II desde esta página
web ante María Inmaculada y Madre
nuestra se le acompaña y
eleva una oración por la salud papal,
para que su restablecimento
vocal, sitial y pastoral sea total".
Juan Pablo II: Ni laicismo ni relativismo,
Españanecesita sus raíces cristianas
Elpreámbulo no
mencionaelCristianismo
Juan Pablo II
alienta los
Cursillos de
Cristianda
Sociedad
La delincuencia parece
un negocio rentable en El Vaticano
Sun January
9, 2005 1:54 PM GMT+01:00
CIUDAD DEL VATICANO
(Reuters) - El Vaticano puede que sea una
ciudad santa, pero también es uno de
los pocos lugares del mundo donde la delincuencia,
de una u otra manera, aparentemente da dinero.
Según las cifras reveladas el sábado, el 90 por ciento de
los delitos cometidos en la ciudad del Vaticano, llena de rateros, vándalos
y estafadores, quedaron impunes.
La mayoría de los delitos tuvieron como víctimas
a los turistas que acuden en millares a la basílica de San Pedro,
la Plaza de San Pedro y los museos vaticanos.
El 90 por ciento de los autores nunca fué identificado o encontrados
dijo el sábado en la ceremonia de apertura del año judicial
Nicola Picardi, que desempeña labores de ministro de Justicia de la Ciudad del Vaticano.
La mayoría de los delincuentes desaparecieron entre los 18 millones
de peregrinos y turistas que acuden a la ciudad del Vaticano, la ciudad Estado
rodeada por Roma.
Muchos de los que sufrieron algún atraco no presentaron denuncia
por las complicaciones burocráticas
relativas a los ciudadanos extranjeros.
Con una pequeña población residente de unas 500 personas, y tal volumen de visitantes,
tiene quizá la mayor tasa de delincuencia del mundo, un 106 por ciento.
Y, si algún ladrón es católico y le entran
remordimientos de conciencia después de robar dinero del bolsillo
de los peregrinos, puede confesarse durante todo el día en
la basílica de San Pedro.
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Última meditación papal: Amor de Cristo resucitado reconcilia
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