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                                                  E P I L O G O
 

                   La región de Pablo (se fué para no volver)  

                           Los orígenes de la Iglesia en España

                                                              Pablo, Santiago y los Varones apostólicos

Bibliografía: Bibl. gral. en: M. Sotomayor, La Iglesia en la España romana, en: R. García Villoslada [Ed.], Historia de la Iglesia en España, [= HIE], BAC Maior (Madrid 1980) I, 149-150; J. Vives, Evangelización de España, en: Diccionario de Historia Eclesiástica de España, [=DHEE], II, 887. Recomendamos la lectura del artículo: Hacia Santiago de Compostela, publicado por el «Osservatore Romano» en la visita de Juan Pablo II al Santuario en 1989, Oss.Rom. del 6 de agosto, 1989, p. 12.

1. La tradición de la presencia del apóstol Santiago(1)

Conviene separar la tradición de la presencia de Santiago en España de la de su sepulcro en Santiago de Compostela (cf. la importancia de las peregrinaciones jacobeas durante toda la Edad Media.)

Un Códice de la basílica del Pilar de Zaragoza siglo XIV(2)

• Santiago Apóstol, también llamado el "Mayor" recibe el mandato de predicar en España.

• Lo bendice la Madre del Señor antes de salir, y le pide una basílica en el lugar donde mayor número de personas se conviertan.

• En Asturias se convierte uno; pasó por Galicia; luego a Castilla y por fín a Aragón. Ahí convierte a 8.

• A orillas del Ebro se le aparece María sobre una columna con millares de ángeles que cantan maitines. Ahí es el lugar donde se debe edificar el templo.

• Los ángeles devuelven la Virgen a Jerusalém; Santiago comienza la obra y ordena presbítero a uno de los convertidos.

La noticia más antigua hasta ahora proviene del Breviarium apostolorum, documento latino del siglo VII. El documento proviene para algunos de los Catálogos bizantinos o Catálogos apostólicos. Son textos griegos de los siglos V y VI pero no traen la mención a Santiago en España. Por lo tanto entre la versión griega y la latina se hizo la interpolación del texto relativo a Santiago en España. Sin embargo para otros autores el Breviarium es una obra compuesta en occidente cuya fuente actualmente ignoramos. El Breviarium apostolorum relata que Santiago predicó en Hispania y otros lugares de occidente (¿antes de morir degollado bajo Herodes entre el 42-44? cf. Hch. 12,1-3) No se sabe la proveniencia de esta tradición. Varios autores contemporáneos que conocían la obra la ignoraron.

La tradición está precedida por lo tanto de varios siglos de silencio :

• Prudencio († 405) que relata tradiciones hagiográficas españolas, no menciona a Santiago

• Ningún escrito del S. IV al VIII conocido hace mención

• Orosio escribe una Historia Universal y no hace mención

• Hidacio (c.395- †468) obispo cercano a Compostela escribe una Crónica Gallega sin mención

• San Martín de Braga (†580) nada dice en sus escritos

• S.Isidoro, S. Braulio, Tajón, S. Julián, S. Ildefonso etc. escritores de la época visigoda tampoco dicen nada.

• La literatura romana contemporánea es magra, y sin embargo la que existe está llena de alusiones a Pedro y Pablo.

• La tradición Gala también observa el silencio a pesar del gusto por las tradiciones martiriológicas. Sobre Santiago sólo se habla de Jerusalém

• Gregorio de Tours (†594) que conoce los santuarios marianos nada dice

• Venancio Fortunato (†600) en su De Virginibus enumera las regiones que corresponden a cada apóstol: Palestina es la región de los dos Santiagos; Roma para San Pedro; Iliria para San Pablo; Etiopía para San Andrés, etc. Galicia la deja para San Martín de Braga a quien escribe.

Los pocos textos que se usan para probar la tradición son muy genéricos:

• San Jerónimo, Comm.in Is: «Viendo jesús a los apóstoles a la orilla del mar de Genezaret remendando sus redes, los llamó y los envió más adentro para convertirlos, de pescadores de peces, en pescadores de hombres; y ellos predicaron el Evangelio desde Jerusalén al Ilírico y a las Españas , abarcando en breve tiempo incluso la misma potente urbe romana.»

• El Breviarium apostolorum cf.supra

• Aldhelmus abad de Malmesbury (c.636) habla de Santiago en España pero sigue el Breviarium

• Un apócrifo de San Isidoro, De ortu et obitu Sanctorum Patrum, parece seguir también al Breviarium

Hay algunas negaciones explícitas de la tradición jacobea:

• Inocencio I Papa escribe una carta en el 416 en la que afirma que en Italia, Africa, España , Sicilia y las islas sólamente ha fundado iglesias San Pedro

• San Julián de Toledo que conoce el Breviarium lo corrige y escribe en el 686: «...de la misma manera, Santiago ilustra Jerusalem, Tomás la India y Mateo Macedonia.» De sextae aetatis comprobatione

La lituragia mozárabe no celebra la fiesta de Santiago demasiado especialmente (en diciembre junto a su hermano Juan). Falta la fiesta del 25 de julio en muchos calendarios de los siglos X y XI.

Las argumentaciones pro-jacobeas, se basan principalmente en la afirmación que el silencio que se observa en las fuentes sobre Santiago, es el mismo en lo relativo a la predicación paulina, y sin embargo ésta se afirma con más seguridad. «El argumento del silencio , tal como lo presentó Duchesne, sigue siendo fundamental , y queda reforzado por otros argumentos positivos» M. Sotomayor, HIE, I, 154). «...pese a todos los esfuerzos de la erudición de ayer y de hoy, no es posible, sin embargo, alegar en favor de la presencia de Santiago en España y de su traslado a ella, una sola noticia remota, clara y autorizada. Un silencio de más de seis siglos rodea la conjetural e inverosímil llegada del apóstol a Occidente, y de uno a ocho siglos la no menos conjetural e inverosímil traslatio . Solo en el siglo VI surgió entre la cristiandad occidental la leyenda de la predicación de Santiago en España; pero ella no llegó a la Península hasta fines del siglo VII.» C. Sánchez Albornoz, En los albores del culto jacobeo, en «Compostellanum» 16 (1971) 37-71.

10. ¿Pablo, evangelizador de Hispania?(3)

La noticia que tenemos es directamente paulina:
• «...no tengo ya campo de acción en esas regiones [de Jerusalém al Ilírico] y como hace muchos años que siento muchas ganas de haceros una visita, de paso para España...., Por el momento me dirijo a Jerusalém... Concluido este asunto y entregado el producto de la colecta, saldré para España, pasando por vuestra ciudad, y sé que mi ida ahí cuenta con la plena bendición de Cristo.» Rm. 10,18

• La carta fué escrita entre los años 57- 58

• La visita a Jerusalem modificó sus planes ya que fué enviado preso a Roma (cf. Hch. 21-28) previa estancia en Cesarea entre el 59-60.

• La estancia en Roma debió abarcar los años 60 a 62 o 63 (San Lucas dice que estuvo dos años enteros)

San Pablo parece haber quedado libre entre el año 62 o 63 y vuelto a ser apresado y ejecutado bajo Nerón entre el 64 y el 67. En este espacio de tiempo pudo haber ido a España

Otros testimonios antiguos:

San Atanasio, Carta a Draconcio: «Por esto, ese ardor de santos de ir a predicar hasta el Ilírico y el no dudar de marchar hasta Roma y embarcarse hasta España, trabajando al máximo para alcanzar mejor recompensa.»

San Cirilo de Jerusalén, Catequesis: «Llevó el Evangelio desde Jerusalén hasta el Ilírico, catequizando incluso la Roma imperial y extendiendo hasta España el deseo de predicar.»

San Juan Crisóstomo, Comentario a los Hebreos: «dos años estuvo preso en Roma; después fué puesto en libertad. Después marchó a España y bajó a la Judea, donde visitó a los judíos. Y entonces de nuevo marchó a Roma, donde pereció bajo Nerón.»

San Epifanio

Teodoreto de Ciro, Com. a 2 Tim, «Apeló y fué enviado a Roma, bajo Festo; defendido, resultó absuelto y marchó a España; y pasando a otros pueblos, les llevó la luz de la enseñanza».

Si bien la ida de Pablo a España no es históricamente segura, puede pensarse su influencia en la fundación de Iglesias en la península ibérica. Hay discontinuidad entre la posible predicación paulina y la vida eclesiástica posterior. Ninguna iglesia Hispana se adjudicó la apostolicidad paulina. (E. Los últimos años)

Un testimonio en contra: El papa Gelasio , Epist. 97: «Algunas veces se dice que se va a hacer lo que después por diversas causas, no se hace; como el bienaventurado Apóstol, que prometió ir a España a causa de su misión evangelizadora, y que sin embargo, no fué , por cierta disposición divina.»

21. La presencia de los «siete varones apostólicos»(4)

Varios ms. del siglo X cuentan las vidas de 7 «varones apostólicos»: Torcuato, Tesifonte, Indalecio, Segundo, Eufrasio, Cecilio y Hesiquio. El relato los hace ordenados en Roma por los apóstoles y enviados a España a predicar la fe. Llegando a Acci (Guadix), son perseguidos y se salvan milagrosamente al derrumbarse el puente por donde venían sus enemigos. Una noble mujer llamada Luparia se convierte y construye un baptisterio y una basílica que es consagrada a San Juan Bautista. Luparia y un número de paganos son bautizados a continuación de los cual los siete varones se dispersan por todo España.

El texto original posiblemente se remonta a una redacción de los siglos VIII o IX. Parecerían «la creación de un hagiógrafo mozárabe huido de la Bética (Andalucía) -con la invasión árabe- hacia el norte en el siglo VII.» Se trataría de un hagiógrafo «poco escrupuloso que refugiado... lejos de la Bètica, donde nadie podía objetarle, fantaseó esta redacción...» Se trata por lo tanto de una leyenda sin valor histórico. cf. M. SOTOMAYOR, HIE I, 157.

Existen otros documentos con noticias de los siete varones: oracionales, martirologios y calendarios pero en recensiones posteriores al siglo X y XI. Sin embargo en el oracional de Tarragona de los siglos VII y VIII no aparecen; el martirologio jeronimiano del siglo VI tampoco; un calendario mozárabe de la Bética de los siglos VI-VII tampoco.

No se han encontrado tampoco noticias en las varias inscripciones visigodas de las dedicaciones de basílicas en la Bética, donde generalmente se enumeraban las listas de las reliquias de los santos sobre los cuales descansaban. Hay una inscripción en Guadix del año 652 en la que se enumeran treinta santos , y ninguno de los varones apostólicos.

Algunos autores modernos (ej. García Villada) siguen manteniendo la fundamental historicidad del relato. Estudios actuales sin embargo hacen dificil sostener esta posición.

 RODRÍGUEZ MOÑINO SORIANO, Rafael: Breve historia de la religión en España : desde la llegada de los varones apostólicos en el siglo I hasta el año 1940
 
© Fernando Gil - Ricardo Corleto, 1998-1999

© Pontificia Universidad Católica Argentina, 1999

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Difusión del Evangelio en el s. I

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El primer Papa internauta y visitante nuestro, Juan Pablo II ha promulgado  por Internet, gracias a un ordenador portátil, la exhortación apostólica postsinodal «Iglesia en Oceanía» el 22 de noviembre de 2001.

       Juan Pablo II : « Internet: un nuevo foro para la proclamación del Evangelio »
Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales (La Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que a nivel mundial se celebrará el domingo 12 de mayo, tiene una importancia significativa para la Iglesia: es la única que fué instituída por el Concilio Vaticano II).


CIUDAD DEL VATICANO
, 22 enero 2001 ( ZENIT.org ).- «Internet: un nuevo foro para la proclamación del Evangelio» es el lema escogido por Juan Pablo II para la XXXVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebrará este año el domingo 12 de mayo. Publicamos a continuación el texto del Mensaje que con este motivo ha escrito el Papa.

* * *
Queridos hermanos y hermanas:

1. La Iglesia prosigue en todas las épocas la tarea comenzada el día de Pentecostés, cuando los Apóstoles, con el poder del Espíritu Santo, salieron a las calles de Jerusalén a anunciar el Evangelio de Jesucristo en diversas lenguas (cf. Hch 2, 5-11). A lo largo de los siglos sucesivos, esta misión evangelizadora se extendió a todos los rincones de la tierra, a medida que el cristianismo arraigaba en muchos lugares y aprendía a hablar las diferentes lenguas del mundo, obedeciendo siempre al mandato de Cristo de anunciar el Evangelio a todas las naciones (cf. Mt 28, 19-20).

Pero la historia de la evangelización no es sólo una cuestión de expansión geográfica, ya que la Iglesia también ha tenido que cruzar muchos umbrales culturales, cada uno de los cuales requiere nuevas energías e imaginación para proclamar el único Evangelio de Jesucristo. La era de los grandes descubrimientos, el Renacimiento y la invención de la imprenta, la Revolución industrial y el nacimiento del mundo moderno: estos fueron también momentos críticos, que exigieron nuevas formas de evangelización. Ahora, con la revolución de las comunicaciones y la información en plena transformación, la Iglesia se encuentra indudablemente ante otro camino decisivo. Por tanto, es conveniente que en esta Jornada mundial de las comunicaciones de 2002 reflexionemos en el tema: «Internet: un nuevo foro para la proclamación del Evangelio».

2. Internet es ciertamente un nuevo «foro», entendido en el antiguo sentido romano de lugar público donde se trataba de política y negocios, se cumplían los deberes religiosos, se desarrollaba gran parte de la vida social de la ciudad, y se manifestaba lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. Era un lugar de la ciudad muy concurrido y animado, que no sólo reflejaba la cultura del ambiente, sino que también creaba una cultura propia. Esto mismo sucede con el ciberespacio, que es, por decirlo así, una nueva frontera que se abre al inicio de este nuevo milenio. Como en las nuevas fronteras de otros tiempos, ésta entraña también peligros y promesas, con el mismo sentido de aventura que caracterizó otros grandes períodos de cambio. Para la Iglesia, el nuevo mundo del ciberespacio es una llamada a la gran aventura de usar su potencial para proclamar el mensaje evangélico. Este desafío está en el centro de lo que significa, al comienzo del milenio, seguir el mandato del Señor de «remar mar adentro»: «Duc in altum» (Lc 5, 4).

3. La Iglesia afronta este nuevo medio con realismo y confianza. Como otros medios de comunicación, se trata de un medio, no de un fin en sí mismo. Internet puede ofrecer magníficas oportunidades para la evangelización si se usa con competencia y con una clara conciencia de sus fuerzas y sus debilidades. Sobre todo, al proporcionar información y suscitar interés, hace posible un encuentro inicial con el mensaje cristiano, especialmente entre los jóvenes, que se dirigen cada vez más al mundo del ciberespacio como una ventana abierta al mundo. Por esta razón, es importante que las comunidades cristianas piensen en medios muy prácticos de ayudar a los que se ponen en contacto por primera vez a través de Internet, para pasar del mundo virtual del ciberespacio al mundo real de la comunidad cristiana.

En una etapa posterior, Internet también puede facilitar el tipo de seguimiento que requiere la evangelización. Especialmente en una cultura que carece de bases firmes, la vida cristiana requiere una instrucción y una catequesis continuas, y esta es tal vez el área en que Internet puede brindar una excelente ayuda. Ya existen en la red innumerables fuentes de información, documentación y educación sobre la Iglesia, su historia y su tradición, su doctrina y su compromiso en todos los campos en todas las partes del mundo. Por tanto, es evidente que aunque Internet no puede suplir nunca la profunda experiencia de Dios que sólo puede brindar la vida litúrgica y sacramental de la Iglesia, sí puede proporcionar un suplemento y un apoyo únicos para preparar el encuentro con Cristo en la comunidad y sostener a los nuevos creyentes en el camino de fe que comienza entonces.

4. Sin embargo, hay ciertas cuestiones necesarias, incluso obvias, que se plantean al usar Internet para la causa de la evangelización. De hecho, la esencia de Internet consiste en suministrar un flujo casi continuo de información, gran parte de la cual pasa en un momento. En una cultura que se alimenta de lo efímero puede existir fácilmente el riesgo de considerar que lo que importa son los datos, más que los valores. Internet ofrece amplios conocimientos, pero no enseña valores; y cuando se descuidan los valores, se degrada nuestra misma humanidad, y el hombre con facilidad pierde de vista su dignidad trascendente. A pesar de su enorme potencial benéfico, ya resultan evidentes para todos algunos modos degradantes y perjudiciales de usar Internet, y las autoridades públicas tienen seguramente la responsabilidad de garantizar que este maravilloso instrumento contribuya al bien común y no se convierta en una fuente de daño.

Además, Internet redefine radicalmente la relación psicológica de la persona con el tiempo y el espacio. La atención se concentra en lo que es tangible, útil e inmediatamente asequible; puede faltar el estímulo a profundizar más el pensamiento y la reflexión. Pero los seres humanos tienen necesidad vital de tiempo y serenidad interior para ponderar y examinar la vida y sus misterios, y para llegar gradualmente a un dominio maduro de sí mismos y del mundo que los rodea. El entendimiento y la sabiduría son fruto de una mirada contemplativa sobre el mundo, y no derivan de una mera acumulación de datos, por interesantes que sean. Son el resultado de una visión que penetra el significado más profundo de las cosas en su relación recíproca y con la totalidad de la realidad. Además, como foro en el que prácticamente todo se acepta y casi nada perdura, Internet favorece un medio relativista de pensar y a veces fomenta la evasión de la responsabilidad y del compromiso personales.

En este contexto, ¿cómo hemos de cultivar la sabiduría que no viene precisamente de la información, sino de la visión profunda, la sabiduría que comprende la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto, y sostiene la escala de valores que surge de esta diferencia?

5. El hecho de que a través de Internet la gente multiplique sus contactos de modos hasta ahora impensables abre maravillosas posibilidades de difundir el Evangelio. Pero también es verdad que las relaciones establecidas mediante la electrónica jamás pueden tomar el lugar de los contactos humanos directos, necesarios para una auténtica evangelización, pues la evangelización depende siempre del testimonio personal del que ha sido enviado a evangelizar (cf. Rm 10, 14-15). ¿Cómo guía la Iglesia, desde el tipo de contacto que permite Internet, a la comunicación más profunda que exige el anuncio cristiano? ¿Cómo entablamos el primer contacto y el intercambio de información que permite Internet?

No cabe duda de que la revolución electrónica entraña la promesa de grandes y positivos avances con vistas al desarrollo mundial; pero existe también la posibilidad de que agrave efectivamente las desigualdades existentes al ensanchar la brecha de la información y las comunicaciones. ¿Cómo podemos asegurar que la revolución de la información y las comunicaciones, que tiene en Internet su primer motor, promueva la globalización del desarrollo y de la solidaridad del hombre, objetivos vinculados íntimamente con la misión evangelizadora de la Iglesia?

Por último, en estos tiempos tan agitados, permitidme preguntar: ¿cómo podemos garantizar que este magnífico instrumento, concebido primero en el ámbito de operaciones militares, contribuya ahora a la causa de la paz? ¿Puede fomentar la cultura del diálogo, de la participación, de la solidaridad y de la reconciliación, sin la cual la paz no puede florecer? La Iglesia cree que sí; y para lograr que esto suceda, está decidida a entrar en este nuevo foro, armada con el Evangelio de Cristo, el Príncipe de la paz.

6. Internet produce un número incalculable de imágenes que aparecen en millones de pantallas de ordenadores en todo el planeta. En esta galaxia de imágenes y sonidos, ¿aparecerá el rostro de Cristo y se oirá su voz? Porque sólo cuando se vea su rostro y se oiga su voz el mundo conocerá la buena nueva de nuestra redención. Esta es la finalidad de la evangelización. Y esto es lo que convertirá Internet en un espacio auténticamente humano, puesto que si no hay lugar para Cristo, tampoco hay lugar para el hombre. Por tanto, en esta Jornada mundial de las comunicaciones, quiero exhortar a toda la Iglesia a cruzar intrépidamente este nuevo umbral, para entrar en lo más profundo de la red, de modo que ahora, como en el pasado, el gran compromiso del Evangelio y la cultura muestre al mundo «la gloria de Dios que está en la faz de Cristo» (2 Co 4, 6). Que el Señor bendiga a todos lo que trabajan con este propósito.
Vaticano, 24 de enero de 2002, fiesta de San Francisco de Sales
IOANNES PAULUS II
[Traducción del original en inglés distribuida por la Sala de Prensa de la Santa Sede]  ZS02012207
                                                                                 +*+*+*
                                                      Resucitado en poder
                                Resurrección y reencarnación
                                                             Según el profesor Michael F. Hull

CIUDAD DEL VATICANO, 24 mayo 2003 (ZENIT.org).- ¿Por qué no cree el cristiano en la reencarnación? A esta pregunta respondió el teólogo Michael F. Hull de Nueva York al intervenir en la videoconferencia mundial de teología organizada el 29 de abril de 2003 por la Congregación vaticana para el Clero Estas fueron sus palabras.

                                                                                 * * *
La integridad de la persona humana (cuerpo y alma en la vida presente y la futura) ha sido y sigue siendo uno de los aspectos de la revelación divina más difíciles de entender. Son todavía actuales las palabras de san Agustín: «Ninguna doctrina de la fe cristiana es negada con tanta pasión y obstinación como la resurrección de la carne» («Enarrationes in Psalmos», Ps. 88, ser. 2, § 5). Dicha doctrina, afirmada constantemente por la Escritura y la Tradición, se encuentra expresada de la manera más sublime en el capítulo 15 de la Primera carta de San Pablo a los Corintios. Y es declarada continuamente por los cristianos cuando pronuncian el Credo de Nicea: «Creo en la resurrección de la carne». Es una expresión de la fe en las promesas de Dios.
A menudo, aun sin el auxilio de la gracia, la razón humana llega a vislumbrar la inmortalidad del alma, pero no alcanza a concebir la unidad esencial de la persona humana, creada según la \"imago Dei\". Por ello, a menudo, la razón no iluminada y el paganismo han visto «a través de un cristal, borrosamente» el reflejo de la vida eterna revelada por Cristo y confirmada por su misma resurrección corporal de los muertos, pero no pueden ver «la dispensación del misterio escondido desde siglos en Dios, creador del universo» (Ef 3,9). La noción equivocada de la metempsícosis (Platón y Pitágoras) y la reencarnación (hinduismo y budismo) afirma una transmigración natural de las almas humanas de un cuerpo a otro. La reencarnación, que es afirmada por muchas religiones orientales, la teosofía y el espiritismo, es muy distinta de la resurrección de la fe cristiana, según la cual la persona será reintegrada, cuerpo y alma, el último día para su salvación o su condena.
Antes de la parusía, el alma del individuo, entra inmediatamente, con el juicio particular, en la bienaventuranza eterna del cielo (quizá después de un período de purgatorio necesario para las delicias del cielo) o en el tormento eterno del infierno (Benedicto XII, «Benedictus Deus»). En el momento de la parusía, el cuerpo se reunirá con su alma en el juicio universal. Cada cuerpo resucitado será unido entonces con su alma, y todos experimentarán entonces la identidad, la integridad y la inmortalidad. Los justos seguirán gozando de la visión beatífica en sus cuerpos y almas unificados y también de la impasibilidad, la gloria, la agilidad y la sutileza. Los injustos, sin estas últimas características, seguirán en el castigo eterno como personas totales.
La resurrección del cuerpo niega cualquier idea de reencarnación porque el retorno de Cristo no fue una vuelta a la vida terrenal ni una migración de su alma a otro cuerpo. La resurrección del cuerpo es el cumplimiento de las promesas de Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento. La resurrección del cuerpo del Señor es la primicia de la resurrección. «Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que por Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicia; luego los de Cristo en su venida» (1 Cor 15,21–23). La reencarnación nos encierra en un círculo eterno de desarraigo corporal, sin otra certidumbre más que la renovación del alma. La fe cristiana promete una resurrección de la persona humana, cuerpo y alma, gracias a la intervención del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, para la perpetuidad del paraíso.
En la carta apostólica Tertio millennio adveniente (14 de noviembre de 1994), escribe Juan Pablo II: «¿Cómo podemos imaginar la vida después de la muerte? Algunos han propuesto varias formas de reencarnación: según la vida anterior, cada uno recibirá una vida nueva bajo una forma superior o inferior, hasta alcanzar la purificación. Esta creencia, profundamente arraigada en algunas religiones orientales, indica de por sí que el hombre se rebela al carácter definitivo de la muerte, porque está convencido de que su naturaleza es esencialmente espiritual e inmortal. La revelación cristiana excluye la reencarnación y habla de una realización que el hombre está llamado a alcanzar durante una sola vida terrenal» (n° 9).  ZSI03052403

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