A San Torcuato, que bautizó Acci, o sea "río de vida", del  "agua viva" de la que habla Jesucristo. Bautizar esta tierra, agreste y dura - es empresa que fertiliza el valle de manera que el "agua viva" halle - su razón de manar serena y pura. Inundaste, Torcuato, con la Gracia - al "río de la vida" de esta tierra, desde el humilde esclaco de la sierra - hasta Luparia con su aristocracia. No me extraña tu muerte, pues sellaba - un mensaje, tan vivo y tan entero, que el corazón humano transformaba: predicando igualdad que destruyera - la idolatría terrible del dinero que engendra división vil y rastrera. El agua de Acci tiene, desde entonces, - poder de hacer hermanos a los hombres e iguales a los ricos y a los pobres, sin que a nadie le falte ni le sobre. ¡Qué gran día será cuando se logre! - Manuel Amezcua
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