Textos competentes                                                                                                                     Impulso apostólico    
                                     ¿?                                                                                            Fenómenos                                    

                  separador
                                                                                       HOMILIA
                                                                       FIESTA DE SAN INDALECIO
                                                 PATRONO DE LA CIUDAD Y DIÓCESIS DE ALMERÍA

Lecturas: Is 52, 7-10
Sal 95,1-3.7-10
2 Cor 4,1-2.5-7
Lc 5,1-11

El patrocinio de san Indalecio sobre la Ciudad y diócesis de Almería viene de nuevo a congregarnos para la celebración festiva y solemne de la Eucaristía. Independientemente de los datos pormenorizados de la historia, San Indalecio es de hecho el Obispo evangelizador que dió origen a nuestra Iglesia en la Hispania romana en el tránsito del siglo I al siglo II. Si la tradición de los varones apostólicos tiene su fundamento histórico, éste no es otro que los hechos sucedidos. España fué muy pronto destinataria de la predicación de los discípulos de los Apóstoles, entre los que hay que colocar al Obispo fundador de nuestra Iglesia, sea porque, en efecto, fue discípulo inmediato de los mismos Apóstoles; sea porque san Indalecio predicó el evangelio en aquel contexto espiritual y misionero en el que se movieron los evangelizadores que sucedieron a la generación apostólica. Con la palabra de Cristo por todo equipaje, esa generación inmediata a la apostólica se entregó a la misión divina de predicar el evangelio afrontando desplazamientos cada vez más lejanos. Fue así como los primeros evangelizadores alcanzaron el Portus Magnus de la costa sur del Mediterráneo, si es que no fué Cartago Nova el único puerto de entrada del cristianismo en el sur de la Península.
La fe plantada por aquellos predicadores de Cristo, muchos de los cuales hubieron de sufrir el martirio ratificando con su sangre la palabra proclamada, habría de dar frutos abundantes en tan sólo dos siglos. Los testimonios documentales, las crónicas y los monumentos dan fe de la expansión y del asentamiento del evangelio de Cristo en la Hispania romana del siglo III después de Cristo. Luego vino la ordenación canónica y la institucionalización del cristianismo. Los obispados, las iglesias y los monasterios configuraron un cristianismo, primero hispanorromano y después visigótico, con influencia bizantina en el sur oriental.
Por destino de la historia la Iglesia plantada y asentada hasta entonces durante más de seis siglos se vió bruscamenteP. ADELINO G.P. cSsr Icono feb.2006 La Iglesia Católica ante el martirio de sangre  de Manuel y Diego amenazada por la invasión y la dominación musulmana. La reconquista hizo posible el retorno de la fe de Cristo a estas tierras, que primero fueron cristianas. Se cumplen ahora los 500 años de la erección canónica de más de cuarenta parroquias almerienses. Cinco siglos de fe, que queremos celebrar a lo largo de este año en espíritu de acción de gracias y que, gracias a la colaboración y apoyo de las instituciones sociales y de las corporaciones municipales, será un centenario que no va a pasar inadvertido.
Damos gracias a Dios todopoderoso, verdadero Señor de la historia, a quien están sometidos los tiempos y las generaciones, igual que los poderes humanos, por la fe recibida y conservada hasta hoy. Sabemos que la transitoriedad de las dificultades nos permite fundar nuestra esperanza en lo único perenne y duradero: el verdadero poder de Dios y el señorío de Cristo sobre los acontecimientos. Esta esperanza nos da paz y sosiega la inquietud que generan los avatares de la historia, a veces causa de inmenso dolor para los pueblos, que nunca terminan de aprender de sus errores culpables. Sin esta esperanza trascendente sería difícil afrontar la pérdida de los valores y la falta de otro sentido para la vida que no sea el que discrecionalmente se quiera imponer desde los resortes del poder y los centros creadores y divulgadores de la opinión pública.
Sin embargo, las palabras del profeta Isaías son claras:“La hierba se seca, la flor se marchita, mas la palabra de nuestro Dios permanece por siempre” (Is 40,8). Si Dios ha dado el poder a Cristo su Hijo, podemos comprender las palabras de Jesús: “Los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Lc 21,33). Fiarse de la palabra de Cristo es el principio de la fe, y la fe produce la vida eterna.
Jesús quiso hacer de Pedro y de los apóstoles pescadores de hombres, trocando las redes marinas por la proclamación de la palabra, por la predicación del Evangelio. Para ello quiso afianzar sobre su palabra la acción apostólica de sus discípulos. El evangelio de san Lucas nos cuenta que Jesús les ordenó echar las redes de nuevo, después de haber pasado una noche infructuosa pescando sin haber cogido nada. Pedro, a la voz del Señor respondió: “... por tu palabra, echaré las redes” (Lc 5,5). El evangelista continúa: “Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red” (v.6).
Sólo quien se fía de la palabra de Jesús accederá a la pesca milagrosa. Dios, que comienza la obra buena  otorgando el don de la fe que llega con la predicación, la lleva a término con los frutos abundantes de la conversión. Perder la fe es exponerse a cosechar las redes vacías. Pero san Pablo nos dice que la fe viene de la predicación, y que ésta es necesaria para poder invocar el nombre de Dios y salvarse por la fe en el evangelio de Cristo: “Pero ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo invocarán a aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y ¿cómo predicarán si no son enviados? Como dice la Escritura: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian las buenas noticias!” (Rom 10,14-15).
El Apóstol recoge las palabras que hemos escuchado a Isaías en la primera lectura describiendo la hermosura de los pies sobre los montes de los mensajeros de la salvación: “Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que anuncia la salvación (...) y verán los confines de la tierra victoria de nuestro Dios” (Is 52,7). San Indalecio como los varones apostólicos que afrontaron la misión de Hispania e hicieron los primeros discípulos que prolongaron su obra fueron los mensajeros de la primera hora, los sembradores de paz, no la paz del armisticio entre partes hostiles, sino la paz reconciliadora del perdón de Dios por la sangre de Cristo, la paz redentora que es la misma salvación ofrecida como don y entrega divina al mundo.
La siembra fué acompañada de la persecución y el martirio, siempre testimonio fehaciente de una esperanza que va más allá de lo que los hombres podemos prometer y esperar de nosotros mismos. Por eso, las dificultades hicieron exclamar a san Pablo: “Pero no todos obedecieron a la Buena Nueva”, y recurriendo de nuevo al profeta Isaías añade: “Porque Isaías dice: «¡Señor, ¿quién ha creído a nuestra predicación?». Por tanto la fe viene de la predicación, y la predicación, por la palabra de Cristo” (Rom 10,16-17).
Los pastores de la Iglesia, y con ellos todos los cristianos, hemos de ser muy conscientes de que la predicación es necesaria para la fe, pero la predicación encuentra dificultades de continuo. Siempre hay una amenaza sobre la predicación, por eso san Pablo tenía que advertir a su colaborar e hijo en la fe el Obispo Timoteo: “Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas” (2 Tim 4,3-4).
Vivimos tiempos, en efecto, en que el relativismo de nuestra cultura no soporta la predicación del evangelio, pero no por eso hemos de sucumbir al espíritu del tiempo. Los cristianos estamos llamados a dar testimonio de la verdad, como lo hizo Cristo ante Poncio Pilato (cf. 1 Tim 6,14). El predicador del evangelio de Cristo tiene que afrontar la oposición que encuentra la exposición de la verdad y padecer las consecuencias que la predicación trae consigo, pero no por eso puede renunciar a su misión, porque el encargo que ha recibido de Dios le impide el acobardamiento como le impide predicarse a sí mismo. No es la predicación un discurso impositivo sino la propuesta que hace a los hombres de parte de Dios, y por eso mismo, el que predica inevitablemente apela a la autoridad del que le envía. Pues dice el Apóstol de las gentes: “Porque no nos predicamos a nosotros, predicamos que Cristo es Señor, y nosotros, siervos vuestros por Jesús” (2 Cor 4,5).
San Pablo nos recuerda que quienes hemos sido iluminados con la luz de la fe no podemos oscurecer esta luz ni apagarla, sino iluminar con ella a los demás “dando a conocer la gloria de Dios reflejada en Cristo” (2 Cor 4,6). ¿Cómo podemos llamarnos cristianos y renunciar a iluminar la vida con la luz de Cristo, Palabra de Dios y “luz verdadera que ilumina a todo hombre viniendo a este mundo?”( Jn 1,9). Evangelizar es dar testimonio de la verdad que es Cristo en quien ha brillado la luz de la vida sin que las tinieblas hayan podido vencerla (cf. Jn 1,5). Pongamos, pues, en Cristo la esperanza de la victoria de la luz sobre toda la oscuridad, y confiando en las palabras de Cristo recordemos a los hombres de nuestro tiempo que Cristo es la verdad y que conocerle a él es conocer la verdad y “la verdad que hace libres”(Jn 8,32). Lo más grave de nuestros días es que, después de haber sido iluminados con la luz de Cristo no queramos permanecer en él y desoigamos sus admonitorias palabras y su advertencia: “Caminad mientras tenéis luz, / para que no os sorprendan las tinieblas; / el que camina en las tinieblas, no sabe a dónde va. / Mientras tenéis la luz, / creed en la luz, / para que seáis hijos de la luz” (Jn 12,35b-36).
Estas palabras de Cristo nos advierten del pecado contra el Espíritu Santo, cuya efusión sobre la Iglesia celebramos una vez más en este nuevo Pentecostés. Sólo es pecado sin perdón el pecado contra el Espíritu Santo, de ahí la extraordinaria gravedad moral en que inciden quienes se empecinan en invertir el orden de la creación asequible a la luz natural de la razón, y el pecado que representa oponerse a la luz con la que la revelación de Cristo ilumina la vida de los seres humanos. La luz con la que san Indalecio y los misioneros apostólicos que plantaron la Iglesia entre nosotros iluminaron la vida de Hispania, a cuyo resplandor hemos vivido.
Que la santísima Virgen María quiera defendernos de huir del resplandor luminoso de la verdad revelada. A ella confiamos, en este año de la Inmaculada, el cuidado de nuestra Iglesia diocesana de Almería y le pedimos que ampare la fe que profesamos y que deseamos alimentar en la exposición de la palabra revelada y en la celebración de la Eucaristía.
S.A.I. Catedral de la Encarnación
14 de mayo de 2005
San Indalecio
Fundador de la Iglesia de Almería

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

                                     separador homilético                              
PARAULES DE SALUTACIÓ DE MONS. JAUME PUJOL BALCELLS, NOU ARQUEBISBE METROPOLITÀ DE TARRAGONA I PRIMAT,                            EN LA SEVA ORDENACIÓ EPISCOPAL I PRESA DE POSSESSIÓ DE L’ARXIDIÒCESI DE TARRAGONA
                                                                                   Catedral de Tarragona, 19 de setembre de 2004
                                                                       
«El bon pastor dóna la vida per les seves ovelles» (Jn 10,11)

Salutacions i agraïments

Estimats germans en el Senyor,

   M’agradaria que les meves primeres paraules a l’arxidiòcesi fossin un cant d’acció de gràcies a Déu. Amb sant Pau us convido a dir: «Beneït sigui el Déu i Pare de nostre Senyor Jesucrist, Pare entranyable i Déu de tot consol. Ell ens conforta en totes les nostres adversitats, perquè nosaltres mateixos, gràcies al consol que rebem de Déu, sapiguem confortar els qui passen alguna pena» (2Co 1,3-4).
   Primer de tot envio una salutació molt cordial als fidels de l’arxidiòcesi de Tarragona, de la qual fa uns moments he pres possessió. Voldria que arribés a tots i a cadascun d’ells: en primer lloc als components del Capítol de la Catedral i del Col·legi de Consultors, a tots els preveres i diaques, religiosos i religioses, laics i laiques, i molt especialment a tots els malalts i a tots els qui pateixen, i a les parròquies, moviments i associacions de l’arxidiòcesi. I, amb ells, a tots els qui m’acompanyeu aquí en aquest dia.
   Un saludo y agradecimiento especial al Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Manuel Monteiro de Castro, que ha presidido mi ordenación episcopal: deseo que haga llegar mi afecto y unión a Su Santidad Juan Pablo II, «principio y fundamento perpetuo y visible de unidad» (LG 27). Gràcies a Mons. Lluís Martínez Sistach, arquebisbe de Barcelona i antecessor meu a l’arxidiòcesi de Tarragona. Gracias también a Mons. Javier Echevarría, obispo prelado del
Opus Dei, por su presencia en estos momentos tan importantes para mí: quiero agradecer aquí, públicamente, los incontables bienes espirituales que he recibido a lo largo de más de cuarenta años en el Opus Dei. He de donar les gràcies també a Mons. Joan Enric Vives, bisbe de la diòcesi d’Urgell, on vaig fer els primers passos en la fe; a Mons. Xavier Salinas, bisbe de Tortosa, que és el bisbe sufragani més antic de la província eclesiàstica Tarraconense; als altres bisbes sufraganis i als bisbes germans de la província eclesiàstica de Barcelona, amb els qui formem la Conferència Episcopal Tarraconense.
   Agradezco muy especialmente la presencia del presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal D. Antonio María Rouco Varela; de los señores cardenales presentes, arzobispos y obispos, dels abats de Montserrat i Poblet, de los sacerdotes y diáconos y de todas las personas consagradas.
   El meu agraïment i salutació va dirigit també a l’Honorable Conseller en Cap de la Generalitat de Catalunya, Sr. Josep Bargalló; a l’Il·lustríssim Alcalde de Tarragona, Sr. Joan Miquel Nadal, i a totes les autoritats civils i militars que han tingut l’amabilitat de fer-se presents en aquest acte.
   Saludo els meus germans i tots els membres de la meva família. No vull deixar passar aquest moment sense recordar amb afecte els meus pares, Ramon i Carme, ja difunts, que van saber plantar en mi la llavor de la fe cristiana per tal que arrelés fermament, junt amb un amor molt gran a la meva terra catalana, als nostres costums i a la nostra gent. Ells em van ensenyar a estimar, a perdonar i a posar sempre Déu davant de tot. Podeu estar segurs que a ells —perquè van plantar aquesta llavor divina— els dec ser avui aquí. Quina vocació més gran tenen els pares de família!
   Un saludo a todos los que habéis venido de fuera de Cataluña, especialmente de Navarra, donde dejo muchos recuerdos y amigos, y de donde me traigo tantas cosas buenas.

Passat, present i futur

   Joan Pau II, en acabar el Jubileu de l’Any 2000, ens convidava «a recordar amb gratitud el passat, a viure amb passió el present i a obrir-nos amb confiança al futur» (NMI 1).

Recordar amb gratitud el passat

PABLO VIAJA A ROMA


ENERO.- María entre Pedro y Pablo es mujer INMACULADA para todo católico, apostólico y romano desde "1854"

FEBRERO.- Pablo dicta a Tercio la carta a los Romanos que firma en Corinto el año 58

MARZO.- Pablo viajando a Roma por apelación  naufraga sin más peligro

ABRIL.- Pablo practica la imposición de manos para curar al padre de Publio

MAYO.- La mano de Pablo mordida por la víbora queda ilesa durante su  búsqueda de leña

JUNIO.- El expresivo Pablo del Greco

JULIO.- Pablo sólo en la cárcel de Roma escribe su II carta a Timoteo

AGOSTO.- Viaje accidentado de Pablo a la Roma imperial

SEPTIEMBRE.- La Hispania de la epístola paulina

OCTUBRE.- Celebración  de la fracción del pan portando pocas cosas

NOVIEMBRE.- Pablo sentado  misionando a tarraconenses

DICIEMBRE.-San Juan en la isla de Patmos escribe su Apocalipsis hacia el año 100
 
 
CALENDARIO


   Arribo a una arxidiòcesi venerable amb un passat gloriós que es fa contínuament present: les arrels apostòliques de sant Pau i santa Tecla; el martiri heroic de sant Fructuós, sant Auguri i sant Eulogi, així com el testimoniatge dels sants que en el transcurs del temps han anat coronant la vida de l’Església de Tarragona. Tots ells marquen una llarga història de fidelitat a l’Església i a Jesucrist. La nostra arxidiòcesi és una Església particular que ha engendrat i sostingut en la fe moltes altres Esglésies particulars al llarg dels segles, que ha estat —i ha de continuar sent— llum per a moltes persones i institucions. Té una tradició que la du a predicar sense descans, com sant Pau, la bona nova de Jesús, ja que «Jesucrist és el mateix ahir i avui i pels segles» (He 13,8), i ho ha fet enmig d’un poble real i concret, aquell que habita a l’Alt Camp, al Baix Camp, al Baix Penedès, al Tarragonès, a la Conca de Barberà, al Priorat i a alguns pobles de l’Urgell i de les Garrigues.
   Recordem aquí, doncs, molt breument, el passat amb gratitud, i volem afegir a aquesta rica història l’ofrena de les nostres vides, amb les nostres il·lusions fetes realitat, posada l’esperança en Crist mort i ressuscitat.

Viure amb passió el present
   Ben ancorats en aquest passat il·lustre, volem viure amb passió el present. Quan es viu la vida cristiana, quan es viu de fe, es posseeix una llum que dóna sentit a les diverses circumstàncies de la vida i es rep resposta a les grans preguntes que ens fem. Els cristians tenim resposta —no receptes— a les qüestions que les persones i la societat es plantegen. Volem aportar a aquesta societat, tants cops materialitzada, la vida de l’Esperit, el sentit de la transcendència, la llum de la fe
Perquè la fe porta a l’esperança, a viure amb sentit 

d’eternitat—de plenitud— la vida de cada dia, els esdeveniments ordinaris, i també els extraordinaris, que hi pugui haver al llarg de la nostra existència. Creiem que hi ha un Déu Pare que ens estima per sobre de les nostres misèries i errors, que ens ha enviat el seu Fill Jesucrist per salvar-nos, que ens dóna constantment l’Esperit Sant per ajudar-nos en el camí vers l’eternitat. Déu ens crida a ser-li fidels.
   La fe cristiana no ens aparta dels problemes i de les preocupacions de cada dia. Com hem llegit a la primera de les lectures, d’Isaïes, el Senyor ens ha enviat també a nosaltres «a portar la bona nova als desvalguts, a curar els cors adolorits; a proclamar als captius la llibertat i als presos el retorn de la llum; a proclamar l’any de gràcia del Senyor» (Is 61,1-2).
   La fe i l’esperança ens porten a viure la caritat, l’amor. Els cristians tenim el bonic deure d’estimar els altres com el Crist ens ha estimat (cf. Jn 13,34). I estimar és perdonar, disculpar i sobretot comprendre. Estimar és ajudar i dir les coses, perquè quan s’estima una persona se li diu allò que no va bé, com un pare o una mare fan amb els seus fills. I els cristians hem d’estar a prop físicament i afectiva dels més necessitats, sigui materialment o espiritualment: dels qui pateixen la malaltia, el dolor, la separació de les persones estimades —en definitiva, els qui participen de la Creu—, i també de tots aquells que experimenten en totes les seves formes la dolorosa orfenesa del nostre Pare Déu, perquè encara no el coneixen, o no han descobert la meravella del seu tracte, o se n’han allunyat per mil circumstàncies de la vida.

Obrir-nos amb confiança al futur
   Si volem obrir-nos amb confiança al futur cal viure amb aquesta fe, esperança i caritat. Però, en concret, què hem de fer ara que comença una nova etapa, un nou pontificat?
  Sa Santedat Joan Pau II, en l’exhortació apostòlica «L’Església a Europa», diu: «Sí, després de vint segles, l’Església es presenta a l’inici del tercer mil·lenni amb el mateix anunci de sempre, que és el seu únic tresor: Jesucrist és el Senyor; la salvació no es troba en ningú més que en ell (cf. Ac 4,12). La font de l’esperança per a Europa i per a tot el món és Crist, i "l’Església és el canal a través del qual passa i es difon l’ona de gràcia que flueix del cor traspassat del Redemptor—» (n. 18). I més endavant afegeix: «S’observa que les nostres comunitats eclesials han d’afrontar debilitats, fatigues, contradiccions. Necessiten també escoltar novament la veu de l’Espòs que les convida a la conversió, les incita a actuar amb entusiasme en les noves situacions i les crida a comprometre’s en la gran obra de la "nova evangelització". […] D’aquesta manera Jesucrist crida les nostres Esglésies d’Europa a la conversió, i elles, amb el seu Senyor i gràcies a la seva presència, es fan portadores d’esperança per a la humanitat» (n. 23).
   Amb aquestes llums el camí és clar. No és altre que el traçat en el Pla pastoral diocesà 2002-2005, amb els seus objectius i accions; un pla pastoral que és aplicació del concili provincial Tarraconense, que va ser una actualització i concreció a les nostres terres del concili Vaticà II. Vull ser continuador del que ja s’hi fa; vull impulsar i animar tot el que el Sant Pare ens indica a l’exhortació apostòlica «L’Església a Europa» i el que es diu al Pla pastoral diocesà: formació i acompanyament; evangelització i catequesi; matrimoni i família, religiositat popular, caritat i testimoniatge. I tot això ho vull fer amb un treball pastoral animat per una espiritualitat i un estil de comunió i de missió. Agraeixo de debò al meu antecessor, l’arquebisbe Lluís, així com als anteriors consells Presbiteral i Pastoral Diocesà i a tots els qui han treballat en aquest projecte —i en els projectes anteriors— la feina duta a terme. Com hem llegit a l’evangeli —i ho dic sense arrogància—, vull ser per a tothom, amb l’ajut de Déu, el bon pastor que dóna la vida per les ovelles (cf. Jn 10,11).
   Les vocacions al ministeri sacerdotal, així com a la vida consagrada, la promoció del laïcat, la tasca pastoral amb el jovent&#hellip; seran qüestions que ocuparan molt especialment la meva ment i el meu cor.
   Vull que la col·legialitat i la voluntat de diàleg regeixin el meu pontificat: voluntat d’escoltar tothom, d’acollir tothom, d’aprendre de tothom, de ser l’arquebisbe de tots, sempre dins la identitat de l’única Església de Jesucrist. Vull treballar, en primer lloc, al servei de tots els fidels d’aquesta arxidiòcesi, per tal que la fe i l’amor al Crist i a la seva Església augmentin i s’enforteixin. Prego ara el Senyor que ens concedeixi allò que sant Pau ens diu a la segona lectura: «Un sol cos i un sol esperit, com és també una sola l’esperança que neix de la vocació rebuda. Un sol Senyor, una sola fe, un sol baptisme; un sol Déu i Pare de tots, que està per damunt de tot, actua a través de tot i és present en tot» (Ef 4,4-6).
   Demano al Senyor, germans estimats, que ressonin en tots vosaltres aquests desigs per a l’etapa que s’inicia, i que l’anunci de Jesucrist redemptor arribi a tot arreu, a totes les famílies i a totes les persones d’aquesta beneïda terra de Tarragona. Sento en la meva ànima l’impuls de fer realitat, amb la col·laboració de tots, el contingut de les paraules de sant Pau que he triat com a lema per al meu pontificat: «El que has escoltat, ensenya-ho» (2 Tm 2,2).
   Però aquest servei està obert a tots els camps de la vida social, política i econòmica del nostre poble. Aprofito la presència de representants tan qualificats de les diverses institucions per oferir-los la nostra lleial col·laboració en tot allò que sigui possible, per al bé de les persones i per ajudar a solucionar els problemes que tenim. Sabeu que compteu sempre amb la nostra estima, ajuda i pregària davant el Senyor.
   I des de l’arxidiòcesi metropolitana i primada de Tarragona volem continuar prestant un servei a tots els bisbats de Catalunya, amb els quals ens uneixen lligams culturals i històrics entranyables —àmpliament descrits al document «Arrels cristianes de Catalunya»— que han donat molt de fruit a l’Església durant tants segles, i que els continuaran donant amb l’ajut de Déu i amb el nostre esforç personal.
  I des de la nostra identitat, com deia sant Fructuós al soldat Fèlix, hem de «tenir al pensament l’Església catòlica, estesa d’Orient a Occident». L’Església de Tarragona sempre ha tingut un cor acollidor, catòlic, universal.
   Germans i germanes, la fe ens posa sempre per davant una tasca molt bonica i que exigeix totes les nostres energies, perquè el món, com diu sant Pau, espera «la manifestació dels fills de Déu».
   No voldria acabar les meves paraules sense donar les gràcies molt sincerament a tots els qui durant aquests mesos han tingut cura de l’arxidiòcesi i han preparat aquesta celebració, de manera molt especial a l’administrador diocesà, Mn. Miquel Barbarà, a qui agraeixo de tot cor les seves paraules a l’inici de l’acte. I no vull deixar d’esmentar el Cor i Orquestra dels Amics de la Catedral, que han magnificat la celebració i dels quals espero poder gaudir en moltes altres ocasions. També manifesto el meu reconeixement a les entitats i organismes de les Administracions que hi han col·laborat.
   Envoltat d’un núvol de testimonis que han afermat la vida d’aquesta venerable Església durant tants segles, invoco, davant vostre, 
la intercessió de l’apòstol sant Pau, i de santa Tecla, deixebla i oïdora de la Paraula, i vull fer-me digne de la intercessió de sant Fructuós i dels seus sants diaques, dels sants pastors Pròsper i Oleguer, i també de sant Josemaría Escrivà, de qui vaig aprendre a estimar i servir l’Església.
   Finalment, m’encomano a la Mare de Déu, invocada sota tantes advocacions a la nostra arxidiòcesi, i de manera especial demano a la Mare de Déu de Montserrat, patrona de les diòcesis que tenen la seu a Catalunya, la seva ajuda pel ministeri que avui inicio: Mare, vetlleu per tots nosaltres, teniu-nos sempre dins vostre mantell blau.

                                   separador homilético
                                         BENVINGUDA AL NOU ARQUEBISBE, MONS JAUME PUJOL BALCELLS

Senyor Nunci Apostòlic, president de la celebració; Senyor Arquebisbe electe, pastors de l’Església, autoritats, representacions, germans i germanes. Permeteu-me una salutació més específica als preveres, diaques, religiosos i laics i laiques de l’arxidiòcesi de Tarragona, presents o que segueixen la celebració per mitjà de pantalles o de la televisió Més Tarragona. Mereixeu estar en llocs millors en aquesta Catedral, però com que hem de ser acollidors els cedim als qui han vingut ocasionalment per a aquesta celebració.
   Senyor Arquebisbe electe, sigueu benvingut a aquesta venerable Església de Tarragona, metropolitana i primada de les Espanyes, com ho heu acceptat solemnement fa uns instants.["JURO DEFENSAR EL PRIMAT DE  L' ESPANYES"] Sou a la que des d’ara serà la vostra Catedral. Sereu una anella més en la successió de Fructuós. Com vaig dir en el comiat del vostre predecessor, l’arquebisbe Lluís Martínez Sistach, avui coconsagrant, aquesta Església és senyora, com ho és amb sobrietat aquesta Catedral que ens acull, sense oripells, i no és mesquina. Per això la vostra persona ha de rebre un acolliment cordial i generós. I així ho fem.
   Veniu a una Església venerable que, segons una tradició més que atendible, és un dels llocs on s’ubica la realització del propòsit de sant Pau d’anar a Hispània, manifestat a la carta als Romans (15,24.28); una Església ben organitzada en el segle III i estimada fins i tot pels pagans, com consta a les primeres actes martirials de la península ibèrica, que narren el martiri del bisbe Fructuós i els seus diaques Auguri i Eulogi, al mateix amfiteatre actual de la ciutat de Tarragona. El bisbe d’aquesta Església, Himeri, rep al segle IV, l’any 385, la primera decretal del papa Sirici a occident amb les funcions que són ben bé de metropolità i de primat envers les províncies d’Hispània, i el mateix fa el papa Hilari al bisbe Ascani els anys 464 i 465. Tarragona era una Església cultualment important en el primer mil·lenni, com es desprèn de l’Oracional de Verona. Amb la invasió musulmana, sant Pròsper va haver de fugir a la Ligúria italiana. Aquesta Església va ser restaurada després de la conquesta cristiana per la butlla del papa Urbà II Inter primas Hispaniarum urbes de 1091. Segurament que té la història més brillant de tota l’Església universal de convocatòria de concilis provincials: des dels concilis provincials del primer mil·lenni, passant per ser la primera província eclesiàstica en tota l’Església que va fer la recepció del concili de Trento, fins a l’últim concili provincial Tarraconense de l’any 1995, que necessita una més intensa aplicació i que és ben bé una recepció del concili ecumènic Vaticà II. És una Església capdavantera en la devoció al Sagrat Cor i la primera a tot Espanya que va fer la processó de Corpus, en concret a Valls; una Església que ha promogut que en el credo del símbol dels Apòstols, quan afirmem que creiem en l’Església catòlica, hi afegim apostòlica i romana, com expressarem després en cantar-lo; una Església que ha tingut arquebisbes il·lustres com sant Oleguer, Antoni Agustín, el cardenal Cervantes de Gaeta, López Peláez, el bisbe auxiliar màrtir Manuel Borràs… només per citar-ne alguns —tenint presents els més recents—, que van tenir un paper important en aquella guerra fratricida del 36 al 39 del segle passat, ja que els dos capdavanters de posicions diferents de l’Església en aquell moment eren fills d’aquesta arxidiòcesi: el cardenal Gomà, de la Riba, i el cardenal Vidal i Barraquer, de Cambrils. És una Església que ha tingut, al llarg de la història, com a sufragànies, les seus metropolitanes de Pamplona, Burgos, Saragossa, València i, últimament, Barcelona; una Església que, com deia en el comiat esmentat a l’arquebisbe Lluís, de vegades ha sofert el martiri per ser Església i també per ser fidel al país, complint un deure elemental de cada Església particular; una Església, finalment, que també ha sofert el martiri força dolorós de la incomprensió, més dolorós encara quan prové de qui hauria de ser més comprensiu.
   Sr. Arquebisbe electe, aquesta Església acull generosament la vostra persona i, com que creiem en l’eficàcia dels sagraments, quan haureu rebut la plenitud del sacerdoci i us haureu assegut a la seu de Fructuós sereu el nostre pare i pastor. Sabeu molt bé que veniu en un moment delicat. Necessitem una tasca profunda de comprensió i d’acceptació d’uns i altres, de fraternitat, de pau i de serenor. En els dos mesos que, per confiança del Col·legi de Consultors, he actuat d’administrador diocesà, he constatat que molts preveres i seglars han treballat per la unitat, la concòrdia, la serenitat i la pau. Crec que l’últim servei que he de fer com a administrador és dir-vos que trobareu persones cofoies, altres d’indiferents, però també n’hi ha moltes de profundament afectades en el seu sentit de comunió eclesial i de pertinença a l’Església. Les qui més m’han preocupat són les que estan afectades en el silenci solitari de la seva consciència. I totes són Església de Tarragona, Església que se sent qüestionada pel fet que, vivint com vivia amb normalitat, per nomenar el seu pastor s’ha seguit un procediment tan extraordinari. Malgrat tot, invito tots els diocesans a respondre amb actituds humanes i cristianes madures. Tots hem de donar respostes evangèliques de perdó i d’amor. Aquestes paraules volen ser un humil servei a l’Església de Tarragona; les hem reflexionat els membres del Col·legi de Consultors, que, per responsabilitat i obediència, exercirem la funció que se’ns demana en aquesta celebració.
   Sr. Arquebisbe, sigueu artífex entre nosaltres de concòrdia, de fraternitat, de pau i de comunió eclesial. Voleu ser l’arquebisbe de tots. N’esperem signes clars. Hem preparat tan bé com hem sabut la vostra consagració episcopal. Hem invitat els arxidiocesans a fer una recepció de la vostra persona amb sentit eclesial profund. A tots ens ha de moure el bé d’aquesta Església de Tarragona, que ha de continuar fent el seu camí amb fidelitat al Déu vivent i veritable, l’únic que mereix tot honor i tota glòria. Senyor Arquebisbe, sigueu benvingut.
   Mn. Miquel Barbarà Anglès, administrador diocesà sede vacante
   Catedral, 19 de setembre de 2004

                                                   separador de diálogo
                    SALUTACIÓ DEL SENYOR ARQUEBISBE, MONS. JAUME PUJOL BALCELLS A L’ALCALDE DE TARRAGONA

¡canción de cuna!    Moltes gràcies, Senyor Alcalde, per les paraules de salutació i benvinguda que m’heu adreçat en nom de la Corporació Municipal i de tots els tarragonins en la meva arribada a la ciutat de Tarragona, capital d’aquesta arxidiòcesi metropolitana i primada.
   Des d’ara seré ciutadà d’aquesta ciutat. Seré un ciutadà vostre. I us puc dir que estic content de formar part d’aquesta ciutat tan plena d’història. L’imperi romà la va fer una gran capital, de les més importants de tot l’imperi. Dins del recinte murallat, als peus del que era la zona religiosa, em sembla sentir el ressò de la predicació de sant Pau, que, segons una tradició atendible i venerable, va predicar en aquest lloc, on se situa la realització de la seva decisió de visitar Hispània, tal com ho manifesta en la seva carta als Romans (Rm 15,24-28).
   Vinc a la ciutat del bisbe màrtir sant Fructuós i dels seus diaques Auguri i Eulogi. Hi vinc amb la missió de sant Pau i com una anella més de la successió de sant Fructuós, en compliment de la seva proclamació solemne que no ens mancaria pastor, feta abans del martiri a l’amfiteatre d’aquesta ciutat.
   Fructuós va ser un bisbe molt estimat no solament pels cristians sinó també per tots els ciutadans. Amb la meva missió de bisbe i des de la meva missió de bisbe vull ajudar també a cercar el bé de tota la ciutat. Cadascú des de la nostra missió hem de fer una aportació al bé comú. Hem de treballar per una ciutat que sigui rica en valors humans i cristians, en la promoció dels valors del regne de Déu, un regne de veritat i de vida, regne de santedat i de gràcia, regne de justícia, d’amor i de pau.
   Els fidels de l’Església catòlica tenim una gran aportació a fer a la ciutat de Tarragona, que no viu només del record de la seva història passada, sinó que viu un moment intens de transformació en tots els aspectes i que viu oberta i esperançada vers un futur que desitgem realment millor per a tots els ciutadans i ciutadanes. La nostra Església està fent una contribució important al bé comú de la ciutat amb les seves institucions pastorals, els seus centres docents, la seva preocupació per la joventut, el seu suport a la família i la seva llarga acció a favor de molts col·lectius que realment la necessiten: persones pobres, persones soles, persones malaltes, persones que en certs moments de la vida esperen una mà amiga que les ajudi en el seu fatigós camí.
   Us agraïm que valoreu aquesta acció, que és fruit de la propagació i vivència del missatge evangèlic. El Déu veritable és Déu d’amor i de pau. És Déu Pare que ens fa veure en cada home i en cada dona un germà i una germana. És Déu Pare que vol el bé de cada fill i filla i que ens crida a una plenitud de vida capaç de satisfer els anhels més profunds que bateguen en el cor humà. Des de la meva missió de pare i pastor desitjo que la bona nova de la salvació arribi a cada ciutadà que vulgui obrir a Crist les portes del seu cor en bé de totes i cada una de les persones i de la nostra estimada ciutat de Tarragona.
   Moltes gràcies
   

                                                  separador de diálogo Alcalde-Sr. Arzobispo
                     PARAULES DE SALUTACIÓ DE L’ALCALDE DE TARRAGONA A MONS. JAUME PUJOL BALCELLS ARAULES DE SALUTACIÓ DE L’ALCALDE DE TARRAGONA A MONS. JAUME PUJOL BALCELLS
EXCEL·LENTÍSSIM I REVERENDÍSSIM SENYOR ARQUEBISBE I PRIMAT,

Sr.  Alcalde  de Tarragona    Us dono la benvinguda en aquesta ciutat, Tarragona, que des d’ara és també la vostra. Us la dono personalment i com a representant dels ciutadans de Tarragona. De tots, sense exclusions: tant dels catòlics creients i practicants, com dels altres cristians i, també, dels no cristians.
   El "Llibre d’entrades de reis i virreis i d’alguns privilegis" que es conserva en el nostre arxiu municipal documenta el protocol amb el qual la ciutat acostumava a rebre solemnement els arquebisbes d’ençà el segle XIV.
   Ara, a l’inici del segle XXI, Tarragona manté la tradició de donar una solemne rebuda en l’entrada d’un nou arquebisbe. Avui, és obvi que la societat civil de Tarragona no conserva el mateix esperit corporatiu i gremial de l’època medieval i de l’època moderna, però la ciutat no oblida aquella vella tradició.
   L’arxidiòcesi de Tarragona és seu de la Santa Església Catedral Basílica Metropolitana i Primada de les Espanyes, la qual cosa li confereix un caràcter especial i la converteix en el referent i pilar fonamental de l’Església catalana. En aquest sentit, cal continuar l’herència del concili provincial Tarraconense impulsat per l’arquebisbe Dr. Ramon Torrella. El seu predecessor, l’arquebisbe Dr. Lluís Martínez Sistach, en el seu discurs de presa de possessió, també es va comprometre a aplicar les resolucions conciliars.
   Vull recordar expressament que l’Església de Tarragona ha tingut una tradició insigne mentre es va poder desenvolupar amb llibertat, és a dir, mentre Catalunya va conservar el seu règim propi i les seves institucions. En són una prova contundent els nombrosos concilis i sínodes d’aquesta província eclesiàstica, documentats des de l’any 598, els quals van perdurar fins al segle XVIII, o sigui, fins la pèrdua de les nostres llibertats nacionals i la imposició de l’absolutisme, que també va afectar l’Església. Estic parlant d’un conjunt impressionat de més de 160 concilis que honoren altament la nostra seu metropolitana, l’Església catalana, l’Església universal, l’Església especialment tarraconense.
   La millor tradició dels nostres prelats ha estat justament la fidelitat i l’amor a la terra. L’Església a Tarragona, conduïda pel seu arquebisbe, ha de connectar amb tots els sectors de la societat, creients o no, per a treballar per una millor justícia social.
   I és amb aquest esperit cordial, fraternal i de col·laboració que us dono la benvinguda. La vostra austeritat en la vida personal, la generositat en la dedicació i la sinceritat espiritual han de servir als cristians per sumar i cohesionar, no per fragmentar o per excloure.
   Personalment desitjava tenir un arquebisbe català. El desig s’ha complert. Tenim un nou arquebisbe català, sensible, per tant, a reconèixer i defensar la identitat de Catalunya i de l’Església catalana.
   Tarragona espera molt de vós, perquè estic segur que enteneu la necessitat de mantenir-la dignament en la preeminència que li correspon històricament i que mai més no ha de perdre, sinó que encara ha d’augmentar, seguint l’exemple dels vostres més destacats predecessors.
   El reconeixement de la figura de l’arquebisbe com a guia i mestre de tots els cristians de l’arxidiòcesi de Tarragona implica que la vostra tasca apostòlica s’adapti als principis i valors arrelats en la nostra societat durant les últimes dècades.
   Excel·lentíssim i Reverendíssim Senyor, la ciutat de Tarragona us dóna la benvinguda i us desitja que tingueu una fructífera labor apostòlica entre tots nosaltres.
   Benvingut i per molts anys!

Joan Miquel Nadal i Malé, Alcalde de Tarragona
                   separador    
      
Homilia de Mons. Lluís Martínez Sistach, arquebisbe de Barcelona, en la missa d’inici del seu pontificat.
                                                  Basílica de Santa Maria del Mar, 18 de juliol de 2004
 
                   Amb goig inicio avui el meu ministeri episcopal en aquesta estimada Església metropolitana de Barcelona en la qual he rebut el baptisme —aquesta Basílica de Santa Maria del Mar m’ho recorda entranyablement—, la vocació sacerdotal, el ministeri presbiteral i episcopal. Vinc a tots vosaltres amb una actitud d’agraïment i perquè prengueu possessió de mi. Sóc ben conscient que l’encàrrec que el Sant Pare m’ha confiat consisteix a estimar i servir aquesta Església que té unes arrels antiquíssimes i que fretura per ser sempre fidel al Senyor per tal d’anunciar la bona nova de Jesús als homes i dones de la nostra societat.
                 La paraula de Déu d’aquest diumenge il·lumina de manera ben diàfana el ministeri del bisbe diocesà i el treball de tots els membres de la nostra Església diocesana. L’apòstol Pau ens ha dit que és servidor de l’Església perquè Déu li ha confiat la missió d’anunciar Jesucrist a tothom, sense fer distincions. El servei més preuat del bisbe és l’anunci creient, fidel i joiós de Jesucrist.
                El Senyor m’envia a vosaltres a evangelitzar. Tota l’Església de Barcelona ha rebut del Senyor l’encàrrec d’anunciar la bona nova. Avui és urgent i molt necessari donar a conèixer Jesucrist als homes i dones de la nostra societat profundament secularitzada. Catalunya no està al marge dels corrents culturals de l’Europa occidental i participa del seu procés de descristianització. L’Església ha d’oferir el bé més preciós i que ningú més no pot donar-li: la fe en Jesucrist, font de l’esperança que no defrauda. La font de l’esperança per a la nostra arxidiòcesi, com per a tot el món, és Crist, i l’Església és el canal a través del qual passa i es difon l’onada de gràcia que brolla del cor traspassat del Redemptor.
               La finalitat del concili provincial Tarraconense ha estat precisament aquesta: com evangelitzar, avui, la nostra societat catalana. I per assolir-ho hem de mirar tota la realitat eclesial i social del nostre país amb una immensa simpatia, amb la mirada del Bon Pastor (cf. Concili provincial Tarraconense, Prefaci). Així ho afirma el document episcopal “Arrels cristianes de Catalunya”. Joan Pau II, en la seva encíclica missionera, deia que els cristians “són signe de l’evangeli àdhuc per la fidelitat a la pàtria, al poble, a la cultura nacional, però sempre amb la llibertat que Crist ha portat”, i dirigint-se a Catalunya, amb motiu del seu mil·lenari, va afirmar: “Cal assenyalar que l’acció de l’Església ha anat configurant el poble català amb tots els trets propis: culturals, sociopolítics i econòmics. Aquesta herència” —continua afirmant el Papa— “us crida a tots a acréixer les virtuts cíviques, humanes i cristianes que han distingit els fills i les filles de Catalunya.”
               Tots som ben conscients de les dificultats que tenim en el treball de l’evangelització i de l’activitat pastoral. Aquestes dificultats les experimenten més els preveres i amb força mesura els altres fidels que estan més compromesos en la pastoral en el si de les parròquies, comunitats, institucions eclesials i enmig de la societat. Comprenc la vostra fatiga i fins i tot el vostre desencís. Molts de vosaltres viviu en el vostre interior el dolor que ocasiona sempre una modificació de la circumscripció de l’arxidiòcesi. Tanmateix em plau posar en relleu el vostre lliurament generós a l’Església que estimeu, el vostre zel amarat de caritat pastoral i el vostre servei constantment renovat i animat per l’adhesió personal a Jesucrist mort i ressuscitat. Us en dono gràcies i us dic que estic i estaré sempre al vostre costat per compartir com a pròpies les vostres alegries i les vostres tristeses.
               El Gènesi ens ha recordat com Abraham i Sara desitjaven freturosament un fill, el fill de les promeses reiterades de Déu. Quina joia no devia tenir Sara, ja anciana, aquell dia que va preparar els panets, quan l’hoste diví li va dir que quan tornés el proper any ella tindria un fill! La vinguda i l’acció de Déu sempre és desconcertant i dóna confiança davant totes les dificultats. Desitjo, benvolguts, que Crist ressuscitat ompli sempre de serenor, d’esperança i d’il·lusió els nostres cors i el treball que realitzarem conjuntament en l’Església i en la societat. El Senyor de la glòria ens ha promès que estarà amb nosaltres dia rere dia fins a la consumació del món.
               Per viure aquesta presència de Crist, cap i pastor, en l’Església i en les nostres comunitats eclesials, cal acollir i escoltar Jesús com ho va fer aquella família amiga seva de Betània. L’evangeli d’avui ens ho recorda. Això ens mena a assolir la santedat, que és la vocació primera i fonamental que el Pare dirigeix a tots els cristians en Jesucrist per mitjà de l’Esperit. Els sants i santes de la nostra arxidiòcesi, des de santa Eulàlia fins a sant Josep Oriol, són els testimonis més esplèndids de la dignitat conferida als deixebles de Crist. Em plau posar en relleu el testimoniatge del Dr. Pere Tarrés, membre de la Federació de Joves Cristians, metge i sacerdot d’aquest presbiteri diocesà, que el proper 5 de setembre serà beatificat pel papa Joan Pau II a Loreto juntament amb dos militants de l’Acció Catòlica italiana.
               Realitzar un treball pastoral que doni prioritat a la pregària, personal i comunitària, significa reconèixer la primacia de la gràcia. Hi ha una temptació que assetja sempre el camí espiritual i l’acció pastoral mateixa: pensar que els resultats depenen de la nostra capacitat de fer i de programar. Potser per això Jesús va dir a Marta que estava preocupada i neguitosa per moltes coses, però que només n’hi ha una de necessària: escoltar als peus del Mestre la seva paraula.
                Arreu els cristians tenim el repte de fer de l’Església —és a dir, de cadascun de nosaltres i de totes les realitats eclesials— la casa i l’escola de la comunió, si de debò volem ser fidels al designi de Déu i respondre també a les profundes esperances del món. Això ens demana a tots viure una autèntica espiritualitat de comunió. L’Església apareix més com una comunió si cada comunitat cristiana és capaç d’acollir tots els dons de l’Esperit. El Papa afirma que “la unitat de l’Església no és uniformitat, sinó integració orgànica de les legítimes diversitats; és la realitat de molts membres units en l’únic cos de Crist” (A l’inici del nou mil·lenni, 46).
                  L’Església ha de viure un amor preferencial pels pobres. Recordant el meu lema episcopal —“La caritat de Crist ens urgeix”—, desitjo fer present que aquesta consideració paulina ens mou a estimar Déu i el proïsme i a no separar mai aquests dos amors. No som del món, però vivim en el món i estimem el món creat per Déu i volem realitzar-hi el seu pla creador i redemptor. En aquest sentit, el concili Vaticà II afirma que “els cristians han de cercar i assaborir allò que és de dalt; això no disminueix, sinó que més aviat augmenta, la gravetat de l’obligació de treballar amb tots els homes en la construcció d’un món més humà” (Gaudium et spes, 57). Benvolguts laics i laiques, estigueu molt presents com a cristians en el món. El Senyor us confia especialment aquest camp de la seva vinya, i és assumint aquest compromís que estimeu Déu i els germans.
                  Vinc de la venerada Església metropolitana i primada de Tarragona que em va acollir amb actitud d’afecte i de col·laboració i que m’honoro d’haver servit amb el meu ministeri episcopal. Aquesta seu metropolitana de Barcelona que el Senyor em confia ha de treballar ben unida amb la de Tarragona per tal de continuar i intensificar la pastoral de conjunt que s’està realitzant al servei de l’Església a Catalunya. Com una anella més de la llarga successió apostòlica d’aquesta seu, vinc després del Sr. Cardenal Ricard M. Carles, que ha esmerçat amb sol·licitud apostòlica catorze anys del seu ministeri episcopal al servei d’aquesta porció del poble de Déu. Vaig col·laborar amb ell com a bisbe auxiliar en aquesta seu durant un temps a l’inici del seu pontificat. Us agraeixo, Sr. Cardenal, el vostre lliurament. El meu agraïment es dirigeix també al Sr. Bisbe Auxiliar Mons. Joan Carrera pel seu constant treball al servei d’aquesta Església; per a mi i per a l’arxidiòcesi, Sr. Bisbe, sereu un ajut molt necessari i molt valuós. Una salutació cordial a qui ha estat fins ara bisbe auxiliar, Mons. Pere Tena Garriga. Tinc també present el servei realitzat pel Sr. Administrador Apostòlic Mons. Josep Àngel Saiz. El meu record va dirigit ara als antecessors meus ja traspassats, d’una manera especial a qui vaig servir més de prop com a vicari general i després com a bisbe auxiliar, Sr. Cardenal Narcís Jubany Arnau.
                  Compto amb tots vosaltres, diocesans, i confio plenament en la vostra col·laboració constant i generosa. Em dirigeixo, en primer lloc, a vosaltres, molt estimats preveres que sereu sempre els més íntims i immediats col·laboradors del meu ministeri episcopal. El pastoratge de l’arxidiòcesi el faré sempre amb els vostres consells i la vostra participació. Hi ha entre tots nosaltres una profunda relació sacramental, ja que pel sagrament de l’orde participem del mateix sacerdoci ministerial de Crist. Procuraré que trobeu sempre en mi un amic, un germà i un pare. Us estimo a tots per igual. Tindreu ben obertes les portes del meu cor i de casa meva, sempre i a qualsevol hora. Els diaques estaran molt a prop del meu ministeri, exercint el servei que caracteritza el do sacramental que han rebut en bé de l’Església diocesana.
                   Els seminaristes del nostre seminari sou la joia de l’Església. Vosaltres heu acollit amb generositat i valentia la crida que el Senyor us ha fet de servir-lo a ell i a l’Església en un futur proper en el ministeri presbiteral. Invito a tots els estimats joves de l’arxidiòcesi que considerin la vida com un do de Déu i que escoltin amb disponibilitat la crida de Jesús.
                   Benvolguts religiosos i religioses, de vida contemplativa i de vida activa, homes i dones de vida consagrada. Vosaltres engalaneu la nostra arxidiòcesi vivint fidelment el vostre respectiu carisma i treballant en diversos camps de l’Església i de la societat, contribuint així en l’edificació de tot el cos místic de Crist cercant el bé d’aquesta Església particular. Per a mi sereu sempre uns membres estimats i valuosos de l’Església i des de la vostra vida comunitària demanaré i agrairé la vostra col·laboració en la pastoral diocesana.
                   Les meves paraules plenes d’afecte van ara dirigides a vosaltres, laics i laiques de l’arxidiòcesi de Barcelona, que us sentiu Església i que participeu en el si de les parròquies, moviments, consells i institucions eclesials, i que esteu compromesos com a cristians en les realitats de la societat. La diòcesi necessita la vostra participació i col·laboració i esmerçaré temps i dedicació per a tots vosaltres. El tracte familiar i constant entre nosaltres ha de ser motiu d’esperança, d’un profit eclesial ben abundós i d’un reforçament més espontani de l’obra pastoral. Tinc molt present en la meva pregària i afecte els malalts, els pobres i els marginats i totes les persones que sofreixen per diversos motius.
                   Agradezco al señor Nuncio Apostólico de Su Santidad su participación en esta celebración y la imposición del palio esta mañana en la Catedral por encargo del Santo Padre. La comunión con el sucesor de Pedro será siempre el signo de una realidad profunda: la de sentirnos miembros de la Iglesia de Jesucristo extendida de Oriente a Occidente, y a la vez enriquece nuestra conciencia de catolicidad.
                   Deseo agradecer también al señor Cardenal de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, a los señores arzobispos y obispos su participación en esta eucaristía como expresión de la colegialidad afectiva y efectiva que propicia un fecundo trabajo eclesial. Gràcies, d’una manera especial, als bisbes de les diòcesis que tenen la seva seu a Catalunya, a tots ells reitero el meu servei al treball conjunt en bé de la comunió i de la missió de les nostres Esglésies.
                   Agraeixo al Molt Honorable Senyor President de la Generalitat, al Molt Honorable Senyor President del Parlament de Catalunya, al Sr. Alcalde de Barcelona, al Sr. President de la Diputació i a totes les altres autoritats la seva atenció i deferència per fer-se presents i per participar en aquest acte. Corresponc al seu gest amb el meu agraïment i amb el desig de col·laboració lleial, des de l’angle que em pertoca, a la seva dedicació al bé comú.
                   Gràcies a les meves germanes, nebots i familiars, i especialment als meus estimats pares, que per la comunió dels sants han estat molt a prop nostre. Sempre he trobat en la família el suport i l’ajut amarat d’amor que tots necessitem en la vida.
                   El meu agraïment es dirigeix als sacerdots, religiosos i religioses i laics i laiques de l’estimada arxidiòcesi metropolitana i primada de Tarragona i de les altres diòcesis que heu volgut acompanyar-me en aquesta entranyable celebració. Que Déu us ho pagui.
                   Que Maria, sota les entranyables advocacions de la Mare de Déu de la Mercè i de la Mare de Déu de Montserrat, intercedeixi amb amor maternal en el camí que junts encetem al servei de l’Església que peregrina a Barcelona.

         Separador                                       Parlament d’acomiadament al Sr. Arquebisbe Dr. Lluís Martínez Sistach


Documento de despedidad del Sr. Arzobispo Luis Martínez Sistach Los asistentes a las homilías en columna de a cuatro Senyor Arquebisbe Lluís, Sr. Arquebisbe-bisbe emèrit d’Urgell, Consell Episcopal, Capítol d’aquesta Catedral, i autoritats presents, preveres diaques, religiosos, religioses, laics i laiques de la nostra estimada arxidiòcesi, familiars del Sr. Arquebisbe, participants tots en aquesta celebració amb motiu del comiat del Dr. Lluís Martínez Sistach com a arquebisbe metropolità de Tarragona i primat de les Espanyes.
Senyor Arquebisbe,
Acomiadar un arquebisbe és sempre un moment especialment intens en la vida de l’arxidiòcesi. Aquest és encara més especial perquè no és un final per haver arribat a una edat determinada, com va ser el comiat del Dr. Pont i Gol, o per trobar-se en un estat de salut delicat, com va ser el del vostre predecessor, recentment traspassat, el Dr. Ramon Torrella. Aquest comiat és diferent: heu rebut la missió d’esdevenir, des del proper diumenge, si Déu vol, el primer arquebisbe metropolità de l’arxidiòcesi germana de Barcelona. És la tercera arxidiòcesi que havent estat sufragània de Tarragona, esdevé metropolitana, després de Saragossa i de València (molt més abans, fins i tot Pamplona i Burgos). Des de la decretal del papa Sirici al bisbe Himeri de Tarragona, l’any 385, i
des de l’any 419, en què el bisbe Ticià de Tarragona és anomenat per primer
cop metropolità, es dóna el fet que, per primera vegada, a Catalunya hi haurà dos metropolitans, i vós passeu de metropolità de Tarragona a metropolità de Barcelona.

Amb motiu d’aquest relleu diferents vegades heu manifestat la vostra convicció que un bisbe fa el bisbat i un bisbat fa el bisbe. És un donar i rebre mutu que s’ha esdevingut al llarg d’aquests set anys en què heu estat el nostre arquebisbe. Si hagués d’enumerar tot el que ha estat
aquest donar i rebre, si hagués de ser exhaustiu, depassaria l’espai que han de tenir aquestes paraules i desdibuixaria el caire de caliu que han de tenir. De tota manera, he d’expressar alguns fets com a indicadors o com a fites d’un camí recorregut mútuament durant set anys.
En primer lloc vull indicar el compromís per aplicar el concili provincial Tarraconense, manifestat clarament en l’homilia del dia de la presa de possessió i renovat reiteradament i de moltes maneres. En el si de la Conferència Episcopal Tarraconense heu aprovat, en aplicació del nostre
Concili, tres importants directoris: el Directori de pastoral sacramental, pel que fa als sagraments de la iniciació cristiana; el Directori de la parròquia i el Directori de l’arxiprestat; un llibre de pregàries del cristià i un cantoral litúrgic bàsic, a més d’altres aplicacions de les resolucions
conciliars. I pel que fa a l’aplicació a l’arxidiòcesi, vau acceptar el pla pastoral del vostre predecessor i n’heu aprovat dos més, tots ells amb la intenció d’aplicar el nostre Concili, perquè si els plans pastorals estan vius està viu el Concili, i si els plans pastorals s’apliquen, s’està aplicant
el Concili.
Com a fites del llarg camí d’aquests set anys hem de fer esment també de les quatre cartes pastorals: "Treballem amb joia a la vinya del Senyor", "Caleu les xarxes", "Enviats per a donar fruit" i "Les vocacions sacerdotals, joia de l’Església". Aquesta última, que tanta difusió ha tingut i que l’han treballat diferents organismes, com el Consell Presbiteral i el Consell Pastoral Diocesà, grups i moviments, marca una preocupació important del vostre pontificat: la preocupació per totes les vocacions i especialment per les vocacions al ministeri ordenat de preveres  i de diaques. Fem ara presents els preveres i els diaques que heu ordenat. Tot això juntament amb la cura de pare i pastor per la situació personal dels preveres, de la qual cosa, més enllà del que és normal que es conegui, en podem donar fe els col·laboradors més propers. Cal subratllar també la preocupació pel Seminari i pels seminaristes. Moltes vegades us heu referit al paper dels laics tant de cara endins de l’Església com de cara enfora, animant
els laics i laiques a ser fidels al que els és més propi: donar testimoniatge enmig de les realitats temporals, en el món de la política, de l’economia, de la cultura i tot el que configura la realitat sociocultural del nostre país, que ens l’estimem perquè és el nostre, com diu el Concili. Una altra
fita del vostre pontificat crec que ha estat la intervenció reiterada en l’obertura a l’Europa que s’està construint a fi que estigui impregnada dels valors cristians que tant han contribuït a configurar-la.
Són fites molt pròpies de l’acció pastoral les orientacions i preocupacions sobre la família i sobre els joves, que han merescut, amb raó, una especial atenció. Us heu fet molt present a les parròquies, sobretot amb motiu de la confirmació de tants joves i de més grans a la Catedral. Heu estat present en els mitjans de comunicació social, amb intervencions molt sovintejades, setmanalment a través de la carta dominical Paraula i Vida retransmesa per la quasi totalitat d’emissores de ràdio que hi ha en el territori de l’arxidiòcesi i a les televisions locals de Tarragona i Reus.
Amb el vostre Consell Episcopal heu establert importants decisions pastorals, com per exemple l’agrupació de parròquies, l’admissió i acompanyament en el Catecumena Diocesà d’Adults, el memoràndum per al rector de parròquia i l’Estatut de l’arxiprestat, elaborat amb la participació del Col·legi d’Arxiprestos i del Consell Presbiteral.
Com a bon canonista, us heu preocupat que cada organisme de la Cúria tingués el lloc que li correspon i exercís les funcions que li són pròpies. Us heu preocupat de dignifica el Tribunal diocesà i el metropolità, heu fet millores a l’Arxiu Històric Arxidiocesà i heu fet arranjar la Casa dels
Concilis a fi que pugui ser la seu de diferents organismes i moviments diocesans. Allí s’hi ubicarà el Museu Bíblic, que amb l’ajuda coratjosa i eficient dels seus responsables, serà d’una gran categoria. També hauria estat la vostra il·lusió que en aquesta Casa dels Concilis s’hi pogués posar, encara que fos testimonialment, un petit museu que donés a conèixer la gran història, única a l’Església universal, de la nostra tradició de concilis provincials.
Una altra fita important del camí d’aquests set anys ha estat la vigilància sobre els béns de l’Església, que com heu dit moltes vegades han de ser per subvenir les necessitats pastorals i per ajudar els més pobres, no permetent que, sota cobertures legals o intencions populistes, es realitzessin actes que en realitat serien una expropiació forçosa encoberta.
En aquest capítol dels béns materials, he deixat per al final —pel que en acabar aquesta celebració rebreu— la vostra preocupació i el vostre compromís per la restauració d’aquesta Catedral, en la qual s’hi estan realitzant les obres més importants que mai s’hagin fet després de la
seva construcció, gràcies al conveni signat entre la Generalitat de Catalunya, la Diputació de Tarragona, el Consell Comarcal del Tarragonès, l’Ajuntament de Tarragona i l’Arquebisbat, i per mitjà de les subvencions del Govern de l’Estat, totes molt importants i necessàries.
Essent arquebisbe de Tarragona vau ser renovat per a un nou quinquenni consultor del Consell Pontifici per als Laics i també vau ser nomenat membre del Consell Pontifici per als Textos Legislatius.
No em puc allargar més. Només he indicat unes fites d’aquest llarg i intens camí de set anys del vostre pontificat. Si tot el que acabo d’esmentar fins ara es pot situar en la vessant del que el bisbe —en aquest cas l’arquebisbe— dóna a la diòcesi, sense descurar la col·laboració de tantes
persones que han fet la seva aportació, i que es pot dir
que va en la direcció del que la diòcesi aporta al bisbe, ara hauria de fer esment de manera més explícita de la vessant del que la diòcesi dóna al bisbe, en aquest cas l’arxidiòcesi a l’arquebisbe.
Comprendreu que en aquesta vessant he de ser modest. Deixeu-me dir només, Senyor Arquebisbe, que aquesta arxidiòcesi sens dubte que deu haver augmentat la vostra memòria històrica de les nostres arrels: sant Pa i sant Fructuós, d’on venim, i de la densa història dels segles que han transcorregut en "l’espessa boira de disset centúries", com diu Mn. Melendres. Aquesta arxidiòcesi us deu haver fet prendre més consciència del servei que aquesta seu ha fet a tot Catalunya i més enllà, i de quina és la nostra identitat, a la qual, malgrat la nostra pobresa, no podem renunciar; una Església que, malgrat les vicissituds que ha hagut de viure, ha volgut ser fidel a l’Església i al nostre país, Catalunya, com és un deure elemental de cada Església particular estimar i servir el propi país; una Església que diferents vegades s’ha vist revestida del vermell
martirial tant per ser Església com per ser fidel al país, que moltes vegades ha hagut de patir el martiri de la incomprensió, més dolorós quan prové de qui més hauria de ser comprensiu; una Església que estimem i que considerem venerable. Aquesta Església venerable us ha prestat
la seva venerabilitat i vós n’heu sortit enfortit amb més prestigi. Us hem donat la nostra comunió eclesial, la nostra comprensió i la nostra col·laboració lleial. Esperem haver estat fidels i haver correspost a la vostra confiança. Hem treballat per tenir pau i bona harmonia, per viure la
comunió eclesial en profunditat i per expressar-la amb signes d’amistat i de fraternitat. Sens dubte que això us haurà ajudat i haurà ennoblit el vostre servei ministerial. Us l’oferim com el millor regal de comiat. Que us serveixi per afrontar la nova responsabilitat que teniu encomanada. I
quan ens mireu des de Barcelona recordeu l’arxidiòcesi que vau trobar, la que mútuament hem anat fent al llarg de set anys, com a arquebisbe a l’arxidiòcesi i com a arxidiòcesi a l’arquebisbe, i la que queda l’endemà de la vostra presa de possessió a Barcelona.
Tothom comprendrà que l’enumeració d’aquestes fites no s’ha de convertir en un examen de set anys de govern, que com tota acció humana pot tenir les seves limitacions i errades. Tampoc s’ha de convertir en un culte a la personalitat, que mai no hauria d’existir en l’Església. Moltes
vegades us he dit, com va dir Eulogi, diaca de Fructuós, en el judici abans del martiri: "Jo no adoro Fructuós, sinó el mateix que Fructuós adora."
Senyor Arquebisbe, tingueu la certesa que aquesta Església venerable, pobra però no mesquina, sap ser senyora, sense oripells, com és austerament senyora aquesta Catedral. I a qui ha dedicat set preciosos anys de la seva vida a servir-la dia a dia amb tant d’esforç i amb tant de treball, l’acomiada tant bé com sap i reconeixent-li el bé que ha fet. Els arquebisbes passen i l’arxidiòcesi continua. Ens hi mantindrem fidels.
Senyor Arquebisbe, moltes gràcies, i que l’únic Bon Pastor ens ajudi a tots, allà i aquí. Moltes gràcies!

Mn. Miquel Barbarà,
vicari general de l’Arquebisbat de Tarragona
Tarragona, 11 de juliol de 2004
Full parroquial
Edita: Arquebisbat de Tarragona
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                    Separador
                  
Carta Pastoral con motivo del IV Centenario del Patronazgo de San Eufrasio
  Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:

1. Atravesamos años muy ricos en celebraciones. Desde que se inició el trienio preparatorio para el Año Jubilar de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo hasta ahora, casi no hemos dejado de celebrar acontecimientos que señalan hitos importantes en la historia de nuestra Iglesia particular. Recuerdo como principales, entre otros, el setecientos cincuenta aniversario de la constitución de la Diócesis con sede episcopal en Jaén, el cuatrocientos aniversario del inicio de la construcción de nuestra preciosa Catedral, primer templo de la Diócesis, y el centenario del inicio del Seminario Diocesano. Además de ello, en el ámbito de la Iglesia universal, hemos atendido otros importantes aniversarios vinculados a la celebración del Concilio Vaticano II. El Papa Juan Pablo II nos los ha recordado ofreciéndonos documentos de especial interés. Durante este mismo curso pastoral 2003-2004 celebramos el ciento cincuenta aniversario de la declaración dogmática de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. Como una entrañable preparación mariana y engarzada en el alma cristiana popular, concluimos hace escasos meses el Año del Rosario, dedicado a María por el Papa Juan Pablo II.

2. Todo ello nos hace pensar fundadamente que el Señor, infinitamente bueno y providente, conocedor de las dificultades con que nos encontramos en los tiempos que corren, quiere ofrecernos motivos de renovación personal y eclesial, y ocasiones de estímulo para mantener y cultivar nuestra identidad cristiana en la Comunión eclesial y en el ejercicio de la Nueva Evangelización.
El Señor nos ha elegido mediante la vocación propia de cada uno; nos ha mostrado su confianza enviándonos a colaborar en la misión de toda la Iglesia como miembros vivos del Cuerpo Místico de Jesucristo. Con la gracia del Espíritu Santo suscita en nosotros los buenos deseos de permanecer fieles a Dios. Esta es la forma como el Señor obra en cada uno todo lo necesario para que nuestra libertad pueda asumir la propia e intransferible responsabilidad ante Dios.
Pero, como el Señor nos atiende con tan exquisito cuidado, no deja además de ofrecernos puntualmente gracias especiales. Con ellas nos ayuda a vencer cualquier tipo de cansancio, rutina, tibieza, desánimo u olvido de nuestra vocación a la vida y de nuestra privilegiada condición de hijos adoptivos de Dios, colaboradores suyos en la evangelización y herederos de su gloria.

3. Por tanto, cada uno de los acontecimientos, que merecen especial consideración por su relieve y significación eclesial diocesana y universal, deben ser entendidos y acogidos por nosotros como gracias especiales. Mediante estas gracias, el Señor nos recuerda la vocación universal a la santidad, y nos ayuda a mantener la coherencia evangélica, la constancia en la fidelidad, la esperanza firme en la plenitud gloriosa y el anhelo confiado de la salvación eterna.

4. Teniendo en cuenta lo que os vengo diciendo, quiero recordaros con esta carta otra celebración especialmente entrañable para quienes integramos la Comunidad eclesial que peregrina por tierras de Jaén. El motivo de la misma celebración es un acontecimiento que atrae los ojos de la memoria hacia nuestros más genuinos orígenes cristianos. Celebramos el cuatrocientos aniversario del patronazgo de S. Eufrasio sobre la diócesis de Jaén. Fue el Obispo Sancho Dávila y Toledo quien pidió al Papa Clemente VIII que declarara a este varón apostólico Patrón de nuestra Iglesia particular. Así lo concedió Su Santidad en el año 1603. Con este motivo situó la fiesta litúrgica de S. Eufrasio en el día 15 de Mayo. Dado que en el año 2003, en que se cumplía rigurosamente el cuarto centenario, la atención diocesana estaba puesta de modo casi absorbente en los actos propios de la celebración del Rosario, pensamos que era más correcto pastoralmente desplazar los actos propios de esta conmemoración al año siguiente dentro de la unidad pastoral del curso 2003-2004.
Una venerable tradición, muy bien acogida por los cristianos que han ido ocupando los territorios ahora enmarcados en los límites diocesanos de Jaén, nos transmite la creencia de que los siete varones apostólicos, discípulos de Santiago, enviados a evangelizar Hispania, iniciaron su misión en tierras de Andalucía. Esa misma tradición atribuye a S. Eufrasio la fundación de la primera Comunidad cristiana, posiblemente en Iliturgi, desde donde se fue extendiendo sucesivamente la luz evangélica a diversos territorios que integran en la actualidad el área diocesana giennense.
La alegría de haber sido bendecidos por el Señor con el don de la predicación cristiana desde los primerísimos tiempos de la Iglesia, y el hecho de que la fe en el Señor Jesús no desapareciera ni durante los duros tiempos de la ocupación y de la persecución árabe se constituye en un motivo de gloria y de agradecimiento al Señor, para quienes formamos parte de la Diócesis de Jaén.

5. Como signo de gratitud al Señor, que nos ha privilegiado sembrando la fe en el Dios vivo y verdadero desde los primeros tiempos de la Iglesia mediante la predicación de S. Eufrasio, debemos hacer memoria gozosa de nuestras raíces y manifestar nuestro ánimo de seguir correspondiendo a la magnanimidad divina. El Señor ha obrado maravillas entre nosotros y estamos alegres (cf. Sal 126, 2-3). La Gracia de Dios ha sido fecunda entre los miembros de nuestra Iglesia desde su origen. Hoy podemos ofrecer por ello al Señor frutos maduros de santidad en S. Amador, en los santos Bonoso y Maximiano, en S. Pedro Pascual, en S. Pedro Poveda y en tantos otros cuyas virtudes o cuyo martirio todavía no han sido proclamadas por la Iglesia. Todos ellos entregaron su vida como oblación generosa al Señor mediante el martirio.
Las abundantes vocaciones a la vida consagrada y al ministerio sacerdotal, con dedicación en la propia diócesis y en distintos y lejanos lugares de misión y de colaboración eclesial, nos hablan también de frutos evangélicos que debemos agradecer al Señor. La arraigada fe y devoción que reúne a los giennenses constantemente junto a la imagen de la Santísima Virgen con tanta riqueza de advocaciones constituye, también, un signo claro de que la acción iniciada por S. Eufrasio y seguida por tantos apóstoles sacerdotes, religiosos, religiosas, seglares consagrados y buenos padres de familia, ha sido bendecida por el Espíritu Santo a lo largo de los tiempos. Es lógico, por tanto, que, aprovechando un aniversario tan importante, de quien fue el primer obispo de Jaén, celebremos la bondad de Dios que «ha estado grande con nosotros» (Salmo 126, 3).

6. La mejor forma de celebrar y agradecer la bondad de Dios para con nosotros consiste en renovar nuestra vida cristiana. Ayudar a ello es lo que pretendemos con los medios que hemos puesto recientemente al servicio de la Diócesis y que han sido acogidos con buen aprovechamiento por parte de muchos fieles. Entre estos medios es bueno recordar las Escuelas Arciprestales de Formación, la Reflexión Diocesana que está siendo realizada por numerosos grupos parroquiales y extra-parroquiales, las Misiones Populares que se han ido llevando a cabo en muchos pueblos y en parroquias de diversas ciudades, la renovación catequética lanzada como proyecto ambicioso y generalizado que, en el ámbito de la juventud, se ofrece como itinerario de iniciación cristiana con motivo de la Confirmación, la orientación cofrade apoyada por abundantes medios impresos y por distintas acciones pastorales, etc.
Es importante y necesario que, al celebrar con algún acto especialísimo el patronazgo de S. Eufrasio en el cuatrocientos aniversario de su declaración, la memoria de nuestras raíces cristianas nos mueva a reafirmar nuestra fe, nos afiance en el compromiso de cultivarla con un profundo sentido de responsabilidad agradecida ante el Señor y nos fortalezca en el compromiso apostólico a favor de nuestros hermanos. Quienes nos precedieron como testigos valerosos de la fe recibida llegaron a dar su vida en el martirio por defender el Nombre de Jesús nuestro Salvador. Nosotros, igualmente beneficiarios de la palabra y de la gracia divina, debemos responder con generosidad a la vocación recibida y decidirnos a ser miembros dúctiles en las manos del Señor para la evangelización del mundo en el que vivimos.
Siguiendo la llamada del Papa Juan Pablo II, no debemos dejar que el miedo nos arredre. Por el contrario, debemos abrir de par en par el corazón a Jesucristo, porque seguir el camino de salvación que Él mismo nos traza y nos invita a recorrer guiados por su luz inextinguible, bien vale una vida.
La celebración del patronazgo de S. Eufrasio ha de centrarse en un renovado interés por hacer que fructifique entre nosotros hoy la fe que él sembró entonces en nuestro pueblo.

7. No obstante, es bueno significar puntualmente y de forma destacada en unos actos concretos todo aquello que intentamos como conmemoración más amplia y continuada. Por ello celebraremos con solemnidad la fiesta litúrgica de S. Eufrasio el Sábado 15 de Mayo próximo. El hecho de que coincida en este día de la semana hace posible que muchos sacerdotes y fieles puedan unirse a la Santa Misa que, si Dios quiere, yo presidiré en la Catedral. Gozaría mucho en poder celebrarla con el mayor número posible de sacerdotes y con una buena asistencia de fieles religiosos y seglares de los distintos lugares de la Diócesis.
Por ello invito encarecidamente a todos los sacerdotes diocesanos, a todos los religiosos y religiosas, a todos los seminaristas y seglares, a que, en el día y la hora señalados, se hagan presentes en el templo catedralicio, signo de la primera sede episcopal ocupada por S. Eufrasio en los orígenes de nuestra Iglesia particular.
Como se trata de realizar un homenaje al que la piadosa tradición considera el primer obispo de la sede giennense, sería muy adecuado que los señores Arciprestes en contacto con los hermanos sacerdotes, religiosos y seglares de sus respectivas demarcaciones, procuraran una digna representación de los distintos sectores de la Diócesis y de las Congregaciones e Institutos religiosos allí presentes. De un modo especial tiene su lugar en este acto de culto el arciprestazgo de Andújar cuya ciudad le tiene como Patrón y en la que destaca la Cofradía que lleva su nombre.

8. Además de alguna otra actividad, que oportunamente se comunicará, comenzaremos las celebraciones litúrgicas de la festividad de S. Eufrasio con el canto de las Primeras Vísperas Solemnes en la tarde del Viernes, día 14 de Mayo. A este acto invitamos de un modo especial a los fieles de la ciudad de Jaén por la proximidad al Templo Catedralicio.

Os agradezco a todos, ya de antemano, el interés que confío pondréis para celebrar juntos en la Catedral estos actos conmemorativos con los que deseamos dar gracias al Señor «por todo el bien que nos ha hecho» (Sal 116, 12).
A quienes resulte muy difícil acudir a Jaén para unirse a la Celebración solemne de la Santa Misa el día 15 de Mayo, encarezco hagan lo posible por celebrar la Santa Misa en sus respectivas parroquias y monasterios, en un momento adecuado, para unirse a nosotros espiritualmente en Comunión con la Iglesia Diocesana.
Que el Señor os bendiga y os ayude a esta renovación personal y eclesial tan importante y urgente en nuestro tiempo y en nuestra Diócesis.

                                                                                                               @ Santiago García Aracil. Obispo de Jaén
                Separador                                                    Homilía en la fiesta de San Segundo  
                                               2 de mayo de 2005.  S.A.I. Catedral de El Salvador
 

Ilmo. Sr. Deán y Cabildo Catedralicio, queridos sacerdotes;
Ilmo. Sr. Alcalde y Autoridades civiles, militares, académicas y judiciales; queridos hermanos y hermanas abulenses:

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
Poco antes de desaparecer de este mundo, Jesucristo ordena a sus discípulos que lleven el Evangelio a todos los pueblos.
El mandato misionero de Jesús llegó al corazón de los apóstoles y pronto se pusieron manos a la obra. Las primeras salidas fueron a lugares cercanos a Jerusalén: los que se habían dispersado iban por todas partes (Hch 8,4) señala el libro de los Hechos. La dispersión se debía a las primeras persecuciones surgidas en Jerusalén; pero fueron la oportunidad para llevar a efecto el mandato esencial de Jesucristo: anunciar el Evangelio hasta el fin del mundo. Felipe predicó en Samaria, Pedro viajó a muchos lugares: anduvo recorriendo todos los lugares (Hch 9, 32 ): predicó en Lida, Joppe, Cesarea. Y más tarde en Roma, capital del Imperio.
El Apóstol gran realizador de los viajes misioneros fué San Pablo que fundó comunidades cristianas en todo el Mediterráneo. Las principales ciudades del imperio romano en la costa norte mediterránea fueron visitadas por Pablo; por medio de su predicación, nacieron en ellas las primeras comunidades cristianas. Estando en la comunidad de Antioquía surgió la iniciativa de Pablo de partir hacia los gentiles con su compañero Bernabé. El Espíritu inspiró a Pablo la necesidad de abrirse a los paganos, dejando a los judíos: Era necesario anunciaros a vosotros en primer lugar la Palabra de Dios; - dice a los judíos de Antioquía- pero ya que la rechazáis... mirad que nos volvemos a los gentiles, pues así nos lo ordenó el Señor: “te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el fin de la tierra".
La urgencia del evangelio que Pablo escuchó en Damasco del catequista Ananías le llevó a la proclamación universal de la fe, según el propio Jesús había encomendado a los discípulos: id y haced discípulos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre de Padre, del Hijo y del Espíritu (Mt 28, 18). Por medio de cuatro largos y penosos viajes recorrió Pablo el Asia Menor, pasó a Macedonia, dedicando especial tiempo a la comunidad de Efeso, se adentró en Grecia y llegó más tarde encarcelado a Roma. A los romanos expresó su deseo de viajar a Occidente, concretamente a España: Ahora, no teniendo ya campo de acción en estas regiones, y deseando vivamente desde hace muchos años ir donde vosotros, cuando me dirija a España... pues espero veros al pasar, y ser encaminado por vosotros hacia allá (Rm 15, 23). A pesar de estar prisionero en Roma, prosiguió su evangelización y padeció el martirio en tiempo de Nerón, hacia el año 64. También Pedro llegó a Roma, atraído sin duda por la importancia de la ciudad como capital del imperio romano. La comunidad cristiana de Roma tuvo siempre una clara conciencia de haber sido fundada por Pedro. Las excavaciones practicadas en la Basílica de San Pedro confirman los datos históricos y la misión conjunta de los apóstoles Pedro y Pablo en dicha ciudad de Roma. Hace tan sólo unos días el nuevo Papa Benedicto XVI ha confesado su fe ante la tumba de San Pedro, como primer acto de su pontificado, y los obispos lo hacemos en la visita ad limina.
Por la predicación de los santos apóstoles la fe cristiana había llegado a los habitantes de la cuenca del Mediterráneo. Ya en el siglo II San Ireneo de Lyón, hacia el 202, menciona las Iglesias en España, entre los celtas, en Oriente, en Egipto y Libia y en las provincias germánicas (Ad Haer I, 10,2).
Clemente de Alejandría, (+ antes del 215) pudo decir que la doctrina de nuestro Maestro no permaneció sólo en Judea, como la filosofía en Grecia, sino que se propagó por toda la tierra habitada (Strom VI, 18, 167).
La llegada de la fe cristiana a España se conoce por antiguos documentos, huellas arqueológicas y antiguas tradiciones sobre los orígenes del cristianismo: algunas de las cuales hemos admirado en nuestra reciente exposición Testigos. Las más importantes de estas tradiciones son la predicación de Santiago, el viaje a España de San Pablo y los siete varones apostólicos. ¿Quiénes fueron estos varones apostólicos?
Varios manuscritos del S. X, cuyos textos fueron redactados ya, probablemente, en el S. VIII, han conservado las actas o vidas de estos siete varones. Torcuato, Tesifonte, Indalecio, Segundo, Eufrasio, Cecelio y Hesiginio fueron ordenados en Roma por los santos apóstoles Pedro y Pablo y se dirigieron a España para predicar la fe católica. Conducidos por Dios, llegaron a Acci (Guadix), donde se celebraban las fiestas de Júpiter, Mercurio y Juno. Reconocidos los varones cristianos, arremetieron sus moradores contra ellos, persiguiéndolos hasta el río, donde los perseguidores perecieron en gran número, al romperse milagrosamente el puente. A una matrona de nombre Luparia le confiesan que han sido enviados por los santos apóstoles para predicar el Reino de Dios y el Evangelio en España. Luparia construye una basílica, en cuyo baptisterio es bautizada, y los varones se distribuyen por toda la región, convirtiendo paganos al cristianismo. De los siete varones, Segundo marchó a Abula –dicen los manuscritos-.
¿Qué datos tenemos de los orígenes de la fe cristiana en nuestra Iglesia de Ávila? La fundación de nuestra comunidad cristiana en Ávila por parte de San Segundo proviene de historias locales. La primera referencia data del año 1327, cuando un chantre pide ser sepultado “entre el altar de San Blas y el de San Segundo”, y en el año 1481 se manda guardar en el mes de mayo la fiesta de San Segundo en la Diócesis : Son las dos primeras referencias históricas del Obispo San Segundo.
Este relato histórico del nacimiento y transmisión de nuestra fe cristiana nos lleva a remontarnos hasta los orígenes mismos de la predicación apostólica, de la que toda la fe cristiana procede: Fueron los apóstoles Pedro y Pablo quienes anunciaron valientemente, con parresía, a Jesucristo resucitado, bautizaron a judíos y gentiles y fundaron comunidades que profesaban su fe en Jesucristo, su esperanza en la vida eterna y su amor radical como manifestación del amor del mismo Dios a los hombres. El amor fué el distintivo de la primera comunidad.
La predicación apostólica se fundamenta y comunica al Hijo de Dios, que toma la carne humana, se hace uno con el hombre y le ofrece salir de sus miserias, elevándole a la categoría de Hijo de Dios, de cuya naturaleza participa por adopción. He aquí la dignidad del ser humano: La gloria de Dios es el hombre viviente proclama San Ireneo (Adv Haer IV, 20,7).
Esta es nuestra grandeza, la grandeza de la fe cristiana que nos fué transmitida desde los comienzos de la vida de la Iglesia y ha crecido entre nosotros con tal fuerza que de aquí han nacido grandes confesores y mártires: Vicente, Sabina y Cristeta, Pedro Bautista, y otros 27 sacerdotes más cercanos a nosotros. Así como los grandes místicos Teresa, Juan de la Cruz y Pedro de Alcántara.
Sin embargo, la grandeza de la historia de la Diócesis de Ávila no radica en sus grandes personalidades, sino en la presencia continua de Dios entre nosotros y nuestra fe en Aquel que todo lo puede y de quien todo lo esperamos. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Él –decía el Papa en su primera homilía-.
La fe cristiana ha sido transmitida durante los siglos en nuestra sociedad abulense por la Iglesia misma que se hace presente en la historia, se manifiesta mediante la palabra, la liturgia, la caridad; y por las principales instituciones que han colaborado en la transmisión de esta fe que se ha hecho cultura: la familia, la escuela y la sociedad. Durante siglos estas instituciones han sido portadoras de elementos esenciales de la fe cristiana que han dado vida, identidad a nuestra sociedad. Pero ahora –en líneas generales- tales instituciones han dejado de ser transmisores de la fe. Hemos de hacer un examen de conciencia serio sobre la situación de estas instituciones en relación con la transmisión de la fe. Cada uno de nosotros recibimos los sacramentos de la iniciación cristiana y con ellos la misión y la responsabilidad de transmitir la fe que nos fué legada desde los Apóstoles Pedro y Pablo por la sucesión de obispos hasta el momento presente. ¿Nuestras familias, nuestros colegios, nuestra sociedad abulense transmite la fe cristiana a nuestros hijos?
Es muy importante el valor artístico que posee cada piedra de las que componen esta maravillosa Catedral y cuantos tesoros forman el Patrimonio histórico-artístico de la Diócesis de Ávila. Lo sabemos y debatimos con frecuencia. Pero mucho más bello e importante es el fundamento que sostiene dicho Patrimonio: la fe de la Iglesia transmitida generación a generación de cristianos; y el espíritu que anima dicho patrimonio no es otro que el Espíritu de Dios encarnado en las vidas de los fieles cristianos abulenses. Nuestro reto, está en la calidad de nuestra fe y de la transmisión de la misma a las generaciones venideras.

Por eso se hace más difícil comprender y es mucho más dolorosa la pérdida de la fe que se observa entre nosotros. El lento alejamiento de la práctica religiosa de importantes sectores de nuestra sociedad. Tememos que una parte de nuestra sociedad camina hacia el desierto. Lo decía el Papa en la Misa de inicio de su Pontificado: Hay muchas formas de desierto: el desierto de la pobreza, el desierto del hambre, el desierto del abandono y de la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre, los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores.

¿No os parece, queridos amigos y hermanos abulenses, un inmenso desierto la nueva ley, todavía en proceso de discusión, que desfigura la institución del matrimonio en algo sustancial como en su constitución por un hombre y una mujer según el derecho natural y la cultura de todos los tiempos y latitudes? Sería una ley injusta y perjudicial para el bien común. Es evidente que, en cuanto personas, los homosexuales tienen en la sociedad los mismos derechos que cualquier ciudadano y han de ser respetados y acogidos por todos nosotros. Pero es obvio y natural que el matrimonio sólo puede ser contraído por una mujer y un varón, y el Estado no puede reconocer un derecho inexistente, a no ser actuando arbitrariamente. Las razones que avalan estas proposiciones son de orden antropológico, social y jurídico –ha dicho la CEE (c. Ejecutivo), las Iglesias cristianas y confesiones religiosas (comunicado); y han ratificado de un modo u otro el Consejo de Estado, el Consejo General del Poder Judicial, la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación (Informes) y 500.000 firmas de ciudadanos-.
El Cardenal Presidente del Pontificio Consejo para la Familia ha declarado que sería una ley inhumana, fruto de una extraña idea de la modernidad, aconsejando incluso la objeción de conciencia a los profesionales relacionados con la aplicación de la ley. La aprobación de esta ley podría ser la provocación más importante que ha sufrido no sólo la fe cristiana sino también la sociedad y la cultura de todos los tiempos. San Segundo no podrá bendecir la primera unión entre personas del mismo sexo en nuestro Ayuntamiento, si esta llega a darse.
Sin embargo, a pesar de todo, ¡ la Iglesia está viva! Esta ha sido la aclamación del nuevo Papa al observar la maravillosa e increíble experiencia universal de los católicos en la despedida de Juan Pablo II, y la bienvenida a Benedicto XVI, en especial de los jóvenes. ¡ La Iglesia está viva y la Iglesia es joven! No podemos vivir alienados, en las aguas saladas del sufrimiento y de la muerte; en un mar de oscuridad sin luz - nos ha dicho el Pontífice-.
La historia de nuestra Iglesia de Ávila nos dice que infinitas personas desde hace siglos, y cada uno de nosotros ahora personalmente, hemos sido alcanzados, sorprendidos por el Evangelio, por Cristo. Nada hay más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Él. He aquí nuestra grandeza y tesoro: nuestra fe.
La fiesta de San Segundo es un día propicio para dejar entrar a Cristo plenamente dentro de nosotros. Para renovar nuestra fidelidad y compromiso con el precioso don de la fe en Jesucristo que nos trajo San Segundo. Jesucristo nada puede quitarnos, por el contrario, hace nuestra vida más bella. Quien deja entrar a Jesucristo no pierde nada, nada absolutamente nada, de lo que hace la vida libre, bella y grande –ha asegurado el Santo Padre-.
Lo pediremos a Dios al final de esta Misa: Cólmanos de alegría, Señor, en la fiesta de tu obispo y mártir San Segundo: en ella veneramos a quien ha puesto fundamento a nuestra fe. Así sea.
Jesús García Burillo, Obispo de Avila
                                       
                         
Festividad de San Segundo                                                                                                                       3 de mayo. Iglesia de San Ignacio

Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la Tierra (Hch 1,8).

Con estas palabras se despide Jesús de los Doce y los envía para que sean testigos suyos por toda la redondez de la tierra. Están en Jerusalén, han vivido juntos durante largo tiempo y han compartido importantes acontecimientos: la vida pública, los días de la pasión, muerte y el tiempo en que Jesús se les ha mostrado con el cuerpo glorioso.

A partir de ahora la relación entre ellos no será la misma. Pasarán de una relación humana, basada en los sentidos, a otro tipo de relación fundada en el Espíritu y en la Gracia. Los Apóstoles están viviendo esta experiencia final y se disponen a vivir de otro modo, y a llevar a cabo la misión que Jesús les encomienda: Ser testigos por todos los lugares de la tierra empezando por Jerusalén.

Os saludo a todos, queridos amigos abulenses, Ilmo. Sr. Deán, Cabildo y Sacerdotes concelebrantes, Ilmo. Sr. Alcalde y autoridades civiles, militares, académicas y judiciales.

Celebramos la fiesta de San Segundo en unas circunstancias especiales dado que hemos trasladado la fecha de la celebración al lunes, respetando la celebración del IV Domingo de Pascua, y porque hoy mismo; va a tener lugar la inauguración de la Exposición de Las Edades del Hombre en Ávila. La fiesta de San Segundo, por consiguiente, tiene lugar el mismo día de la apertura de la Exposición: Testigos.

San Segundo está hondamente ligado este año al concepto de Testigo. Más aún podemos decir que San Segundo ha sido el primer testigo de Jesucristo en los campos de Ávila.

Es así como va aparecer para todo visitante de la Exposición. Una vez que haya contemplado cómo los símbolos de Pentecostés, el fuego, el aire y el agua se transforman en los testigos humanos vivientes, el visitante se tropezará, en primer término, con San Segundo.

La imagen del Santo varón Apostólico será el primer testimonio de fe abulense que contemplaremos en nuestra visita. Con él empezó la historia de la Iglesia en Ávila. El ha sido el primer testigo de la fe en Jesucristo, que nos ha transmitido a los abulenses el fuego del Espíritu, el soplo de la vida, el agua de la regeneración. Por él empieza la fe cristiana en Ávila, la salvación del Señor, la vida en el amor, la esperanza en una vida nueva y definitiva.

Su presencia histórica en Ávila hubo de corresponder a la difusión de la religión cristiana por todo el Imperio Romano por medio de los varones Apostólicos. Éste fue el ámbito de expansión y el cauce por el que la Iglesia alcanzó la evangelización, vocación universal a la que había sido llamada para ser testigo del Señor.

¿Cómo llegó San Segundo a ser testigo del Señor?
No hay posible testimonio sin una experiencia previa de lo que se testifica. El declarante ha de tener conocimiento claro y preciso de lo que declara. De otro modo se podría incurrir en falsedad de testimonio. La cercanía inmediata a los Apóstoles permite a San Segundo tener una experiencia muy próxima al Señor. El puede decir con todo derecho lo mismo que San Juan: Lo que existía desde el principio, lo que hemos visto y oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplaron y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida.... os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros (1Jn 1,1-3).

Este es el testimonio que San Segundo nos ofreció hace XIX siglos y el que nos ofrece hoy, el día de su fiesta: ¡Os lo anunciamos!. Por la transmisión de la fe que recibieron los mismos Apóstoles dan fe de lo que vieron y oyeron, de lo que contemplaron, de lo que tocaron sus manos. Con San Segundo comienza la cadena de transmisión de la fe en Ávila. En la Exposición, veremos, inmediatamente después de él, las imágenes de otros nuevos testigos, los que conocemos a continuación en el tiempo, comenzando en el siglo IV de nuestra historia, los hermanos mártires Vicente, Sabina y Cristeta. La palabra mártir, como sabéis, significa precisamente testigo. El mártir es un testigo que hace una declaración muy especial. Declara lo que dice entregando su propia vida, derramando su sangre, como la derramó Jesús, el primero de los Testigos, el único que ha visto al Padre, por eso habla de lo que sabe y da testimonio de lo que ha visto al Padre (Jn 3,11). Jesús no habla de sus propios conocimientos, sino de lo que ha visto y oído junto al Padre. No creer a Jesús equivale a rechazar al Padre. Él ha sido el Testigo fiel (Ap 1,5) que dio a conocer al Padre coronando su testimonio con el sacrificio de su vida: para esto he venido al mundo para dar testimonio de la verdad (Jn 18,37). Jesús como Testigo y propio testimonio de vida constituye el ser y la base de todo Testimonio cristiano.

Una de la características del testimonio de los Apóstoles fue la osadía, el atrevimiento, el coraje con que hablaban de Jesucristo. Su predicación encendía los corazones de los oyentes, les invitaba a la conversión: Arrepentíos, bautizaos confesando que Jesús es Mesías para que se os perdonen los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y para todos los extranjeros que llame el Señor Dios nuestro. Les urgía además con otras muchas razones y los exhortaba diciendo: poneos a salvo de esta generación depravada (Hch 2,38-40).

Los Apóstoles conseguían su objetivo; con su palabra y testimonio que expresaba una gran autoridad, el Señor iba agregando a la comunidad a aquellos que habían de salvarse. En aquel día se les agregaron unos tres mil (2,41).

Podemos imaginarnos a San Segundo predicando la palabra y haciendo maravillas como Pedro y Juan. Tanto que las autoridades de Jerusalén veían en ellos un verdadero desafío: ¿Qué vamos a hacer con estos hombres? Es evidente para todos que han realizado una señal extraordinaria (4,16).

La Exposición nos muestra las huellas de esta predicación y del testimonio de los primeros mártires. Allí podremos ver en cuatro capítulos los efectos de la predicación de San Segundo: el fuego del Espíritu, con el nacimiento y la expansión misionera de la Iglesia en Ávila; la intrepidez de la Palabra: contemplando los escritos que se hicieron como consecuencia de la transmisión: biblias, evangelios, comentarios, doctores de la Iglesia y santos predicadores; la osadía del amor, entrando en comunicación con los santos que destacaron por sus obras de caridad y con los mismos milagros de Cristo; y finalmente el gozo de la celebración, con todos aquellos elementos celebrativos: ornamentos litúrgicos, orfebrería que nos permiten acercarnos al misterio que en la Iglesia celebramos. También el quinto y el sexto capítulo de la Exposición han de considerarse como la expansión de la fe, traída a Ávila por San Segundo: la intrépida fe de Isabel la Católica y la cumbre de la experiencia cristiana encarnada en Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Pedro de Alcántara, la osadía del gran misionero y mártir Pedro Bautista.... son los exponentes, las huellas, los testimonios de personas que conectan con nosotros los presentes testigos de Jesucristo Resucitado.

San Juan en el texto de su carta que hemos recordado nos decía: esto os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Este es el punto de conexión entre San Segundo y nosotros hoy: él nos lleva a la comunión con Jesucristo.

La serie de testimonios que hemos vivido a lo largo y ancho de la historia de la Iglesia de Ávila enlazan nuestra vida con la vida de Cristo y la del Padre. Ellos dieron testimonio en su vida de la misión que Jesucristo les encomendaba.

San Segundo hoy, su sucesor el actual Obispo de Ávila hoy nos entrega el testigo a nosotros, la antorcha de la luz, el espíritu de la vida: ¿qué vas a hacer tú, cristiano abulense del S. XXI? ¿cómo vas a ser testigo de Jesucristo en un medio de una cultura hostil, pagana, con frecuencia agresivamente contraria al testimonio de la fe recibida desde San Segundo?

Ese es el desafío que tenemos planteado los cristianos, la propuesta que también nos va a hacer la Exposición. El video llamado Túnel de los Testigos. Tratará de conectar directamente el testimonio de San Segundo y de todos los testigos de Ávila con nuestro propio testimonio. Sin olvidar, naturalmente que nosotros hemos de ser transmisores del testigo.

Nosotros esta mañana tenemos un medio más directo e inmediato que el túnel. Es Jesucristo mismo presente en nosotros por la Palabra y el Sacramento. La Eucaristía nos pone en comunión con Jesucristo, Testigo del Padre. En él se funda toda nuestra vida cristiana, todo nuestro testimonio apostólico.

Que Santa María Madre de todos los testigos de la Iglesia nos acompañe hoy como el día de Pentecostés, nos ayude y nos dé la energía necesaria para manifestar y transferir con osadía la fe que nos ha sido transmitida. Amén.
                                                          Jesús García Burillo, Obispo de Avila, 2004

            separador literario
    Resurrección de Cristo de 1550 de Isidro de Villoldo en mader prolicromada en actual sacristía catedral de Avila o capilla de san Bernabé El Cristo Resucitado
de Villoldo  19/10/2004
 Queridos hermanos y amigos:

Quienes leéis o escucháis esta carta habéis visitado sin duda las Edades del Hombre en nuestra Catedral de Ávila. ¡QuéMonseñor Jesús García Burillo Obispo de Avila (Llamados a dar vida) maravilla! Esta es la expresión que con mayor frecuencia yo he oído después de la visita: Qué maravilla: las imágenes, la disposición, la luz, la catedral y el mensaje. El mensaje es lo más claro de todo: “testigos”.
En la Catedral aparecen centenares de testigos: San Segundo, San Vicente y sus hermanas, Santa María Magdalena, Pedro Berruguete, Isabel la Católica, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Pedro de Alcántara, San Pedro Bautista…¡innumerables! Testigos en buena parte abulenses. ¿Testigos de quién, testigos de qué? ¡Testigos del Resucitado!

El Resucitado de Isidro de Villoldo (1550) es la primera imagen de la Exposición, resplandeciente, en madera lacada. Testigos del Resucitado son todos los que aparecen a continuación en la muestra. Testigos en la Cáliz y Patena de San Segundo/Andrea Petrucci, de Siena. Hacia  1320. CALIZ: Copa: Plata sobredorada. Fuste, nudo y base: Cobre dorado con esmaltes.  PATENA: Cobre sobredorado. Museo catedralicio de Avila. predicación, testigos en la oración, testigos en el amor comprometido, en el compartir fraterno, testigos algunos hasta el derramamiento de su sangre. Lo fueron muchos en tiempos adversos, tiempos recios, como los de la Santa, tiempos de persecución como los de San Vicente, tiempos de adversidades culturales como la primera generación de cristianos y los místicos, tiempos adversos en la política, como los de Isabel la Católica. Todos ellos fueron testigos del Resucitado, tan bellamente expresado aquí. Al final de la Exposición, como bien sabemos, se nos invita a sumarnos a la galería de Testigos contemplados: ¡usted también puede ser testigo!
Durante el tiempo de esta Exposición hemos vivido una especie de violento terremoto cultural, en lo que afecta a las costumbres del pueblo español. Empezamos a oír hablar de un Estado laico. No sabíamos exactamente qué habría detrás de esta expresión. Simultáneamente y poco después empezaron a aparecer casi en forma de catarata desbordante noticias de proyectos, propuestas que salían de algunos miembros o de la misma mesa del gobierno de la nación: leyes progresistas, laicas y modernas, se las llamó. La primera decisión fué un decreto paralizando la Ley de Calidad de la Enseñanza, que más tarde se concretó en la presentación de las bases de reforma educativa en la que se anuncia una nueva asignatura obligatoria: Educación para la ciudadanía y una asignatura laica sobre el hecho religioso que equivaldría a una religión del Estado o “formación del espíritu nacional”, como algunos la han llamado.
Ha sido presentada ya por el ministerio de Justicia la Ley del matrimonio entre personas del mismo sexo. Se ha anunciado una ley sobre el divorcio exprés, sobre la eutanasia, sobre la ampliación del aborto, sobre la investigación con embriones. De una forma más directa, en relación a la Iglesia, se ha hablado de la posible revisión de los acuerdos Iglesia/ Estado, o incluso de una hoja de ruta para llegar a la anulación de los llamados privilegios de la Iglesia. No es fácil encontrar en la historia, en tan corto espacio de tiempo, tantos cambios que afectan a la moralidad que un pueblo ha mantenido como inapreciable valor durante siglos, a no ser en momentos de golpes de Estado.
¿Cómo vamos a reaccionar? ¿Qué vamos a hacer los testigos del Resucitado en esta situación en la que un gobierno promueve un estado laicista, agresivo contra la manera de pensar de una gran parte del pueblo español? ¿Qué hará el 82 % de padres de alumnos de primaria que el año pasado solicitaron la enseñanza de Religión Católica para sus hijos? ¿Qué harán las familias cristianas, profesores, periodistas, los movimientos apostólicos familiares, las gentes de buen sentido ante el anuncio de una ley que declara “matrimonio” con todos sus derechos a la unión de dos personas del mismo sexo? ¿O ante una ley que prevé la disolución del matrimonio sin los procesos más elementales? ¿Qué podrán hacer los médicos y científicos católicos, los juristas y abogados, los políticos creyentes de diversos partidos, con la conciencia clara sobre el derecho a la vida ante la previsible Ley sobre la eutanasia o ampliación del aborto? ¿Qué harán los católicos ante un acoso tan directo a los sentimientos de un pueblo que hunde sus raíces en la persona de Jesucristo a quien tan bellamente hemos contemplado en la imagen de Isidro de Villoldo?
El Papa hace un año escribía una carta a Europa recordándonos que a pesar de todas las dificultades que la fe experimenta en Testimonio presencial el presente, Cristo Resucitado está siempre con nosotros: No temas, soy yo, el primero y el último, el que vive; estuve muerto pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos (Ap 1, 17-18).
Después de haber visitado la exposición, esta es la hora de los testigos. Es la hora del testimonio cristiano para quienes han estado en Ávila en estos meses y para cuantos sienten en su conciencia la fe en Jesucristo, en la vida de la Iglesia, o experimentan convicciones mantenidas en el corazón de los seres humanos desde siglos.
Con el mayor respeto y afecto hacia todos, hoy es imprescindible el testimonio de los creyentes y hombres de buena voluntad.
Con mi abrazo fraterno.
                                             Jesús García Burillo, Obispo de Avila                                       [edades-es@invescon.es]
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Homilía de la misa de Santiago 2004            

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    COMUNICACIÓN  DEL ARZOBISPO A LA DIÓCESIS DE GRANADA  AL HACERSE PÚBLICO SU                                                           NOMBRAMIENTO COMO ARZOBISPO DE TOLEDO      
 

1.-  Mis queridos hermanos y hermanas, sacerdotes, religiosos y religiosas fieles cristianos, autoridades: Cumplo el deber de comunicar con sencillez a todos, a toda la Iglesia diocesana, que el Santo Padre, el Papa Juan Pablo II, en su gran benignidad, se ha dignado nombrarme Arzobispo de la Archidiócesis de Toledo. 

2.- Bien sabe Dios que he aceptado esta nueva misión en la Iglesia con plena obediencia, fidelidad y sentido de comunión. Lo nuestro es obedecer, ponerse en camino hacia la tierra que el Señor nos envíe por medio de su Iglesia. Por esa misma obediencia y fe vine hace casi seis años a Granada desde las tierras de Ávila para contribuir, a pesar de mis limitaciones y miserias, a la edificación de la Iglesia, cuyo arquitecto y constructor sólo puede ser Dios

Como reza mi lema episcopal, tanto entonces como ahora, sólo pretendo una cosa: "cumplir la voluntad del Señor", en su Nombre "echar de nuevo las redes" donde Él me señale por medio de su Iglesia. Me pongo en las manos de Dios, en su misericordia que no tiene límite para con todos - también para conmigo -, y me confío a su inmensa bondad. Todo lo confío en Él y a Él; todo lo espero de Él; como dice uno de los salmos: "acallo y modero mis deseos como un niño en brazos de su madre". En el nombre del Señor y por su palabra emprenderé el camino hacia la diócesis de Toledo, con la que, a lo largo de la historia, la de Granada ha tenido tantos vínculos. 

3.- Con la gracia y el auxilio de Dios, de la Santísima Virgen María, a la que invocamos los granadinos con el dulce y entrañable título de Nuestra Señora de las Angustias, de los santos vinculados a Granada -San Cecilio, San Gregorio de Elvira, San Juan de Ávila, San Juan de Dios, San Juan de la Cruz...-, y con vuestra ayuda orante y vuestro afecto, procuraré cumplir fielmente el ministerio que ahora se me encomienda. Que el Señor me conceda humildad, sabiduría, luz y fortaleza para conducir aquella Iglesia hermana como buen pastor, conforme al corazón de Dios. 

4.- El día 1 de febrero de 1997, solemnidad litúrgica de san Cecilio, nuestro patrono y guía, inicié el ejercicio del ministerio pastoral entre vosotros y a vuestro servicio. Lo emprendí, gracias a Dios, con mucha esperanza; y con mucha esperanza he recorrido el camino estos años, con mucha esperanza y ánimo confiado he trabajado por el Evangelio y por vosotros hasta el final, por la inmensa bondad que Dios ha mostrado y muestra para conmigo. Mi experiencia en estos cinco años y nueve meses da fe de que es verdad que Cristo camina junto a nosotros, "el mismo, ayer, hoy, y siempre"; que Él está con nosotros como Pastor supremo y que es quien lleva a su Iglesia a la plenitud de la verdad y de la vida. 

5.- No es el momento de la despedida, pero os confieso con franqueza mis sentimientos y mi experiencia en estos momentos. 

Siento de verdad que la bondad del Señor nunca me ha dejado abandonado, aunque yo no le haya sido fiel en toda ocasión y momento, y no le haya correspondido, en mi torpeza y pecado, a su amor y su gracia. ¡Que Él, en su amor infinito y en su entrañable ternura y misericordia, me perdone, como sólo Él sabe hacerlo!. Os pido y espero que también vosotros me perdonéis. 

6.- Os confieso que me siento en paz, aunque, como es normal, con un profundo dolor: dejaros a vosotros a los que quiero como hijos, hermanos y amigos, me cuesta, me produce un hondo dolor, como una especie de gran desgarrón en mi alma, que sólo se consuela por el amor y la bondad de Dios, por su gracia, y por el gran afecto que también he recibido y recibo de vosotros, de todos los granadinos sin excepción. Experimento ahora la misma sensación que tuve cuando hube de abandonar mi Ávila querida: una experiencia de libertad y "gozo" -mezclado con lágrimas- del siervo que dice: "aquí estoy para cumplir tu voluntad". "iré donde tú me digas", "mándame". Me encuentro tranquilo y esperanzado; con esperanza y confianza asumo la nueva misión que me encomienda el Señor. 

7.- Inseparablemente quiero expresaros a todos con una sola palabra, la más bella sin duda del lenguaje humano, todo lo que siente mi corazón hacia vosotros: "¡Gracias! Gracias una y mil veces, gracias siempre. Por gracia divina, mi vida ha estado y estará unida a las vuestras, y esto me llena de alegría. Todo lo vuestro he deseado sentirlo como mío, precisamente porque es vuestro. Y de verdad que, aunque torpe y frágilmente, me he sentido uno más de vosotros: granadino con los granadinos. He gozado. Me habéis hecho gozar. Y junto con los gozos no han faltado sufrimientos, que vosotros me habéis hecho más ligeros, porque el mundo es complejo y difícil; porque también cuando se ama, se sufre; y porque lo de ser Obispo no es fácil, ni es enseña de triunfalismo o comodidad, sino de la Cruz de Cristo. 

8.- Que Dios os pague a todos cuanto, mucho, habéis hecho conmigo: a los sacerdotes y diáconos, a los religiosos y religiosas, de vida contemplativa o activa, al resto de personas consagradas, a los fieles cristianos laicos, a los que trabajan en las distintas acciones de la Iglesia, a los seminaristas, a todas las autoridades civiles, judiciales, militares, universitarias, a todas las fuerzas sociales y políticas, a todos, sin excepción, singularmente a los pobres y a los últimos, a los enfermos y a los que sufren, que sois los que lleváis la Iglesia y la humanidad y a los que seguramente no he atendido bastante. 

9. - Permitidme que os diga que no me ha movido otra cosa, al estar con vosotros como hermano y para vosotros como Obispo, que intentar vivir y proclamar que Dios es Dios, que sólo El es el único necesario, que El es la fuente de la que mana la única agua que puede saciar el corazón insatisfecho del hombre, que en El está la raíz de la libertad y el fundamento de la esperanza para todo hombre. Como os decía, en la primera homilía que os dirigí en el comienzo de mi ministerio en Granada, no he querido saber otra cosa, ni entregaros otra cosa -al igual que Pablo o que Pedro- que a Cristo, y a éste crucificado; mi única riqueza y mi única palabra con la que vine a vosotros era Jesucristo, a quien no podía silenciar, y a quien deseaba que vivieseis en vuestras vidas, en la entraña misma de nuestra querida Granada. 

Por eso ahora, de nuevo en esta comunicación, os repito lo que tantas veces me habéis escuchado con palabras del Papa: "¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Cristo, abrid las puertas de par en par al Redentor!, para que El entre en vuestras vidas, le conozcáis, le améis y le sigáis; y así deis testimonio de que El es el único salvador y la verdadera esperanza para los hombres. Venid todos a El. Venid a El particularmente vosotros, los jóvenes, que andáis ansiosos de libertad, hambreando felicidad y dicha y encontrareis la fuente inagotable que  apague vuestra sed". Permaneced fieles a Jesucristo, presente en su Iglesia. Permaneced fieles a la Iglesia para permanecer en Cristo; amadla. La amo entrañablemente con todo cuanto soy. 

10.- Rezad por mí y por la Iglesia hermana de Toledo. Rezad por nuestra diócesis de Granada. Rezad para que Dios envíe pronto un nuevo pastor conforme a su corazón que conduzca a esta Iglesia por los caminos de la verdad, de la santidad y de la comunión, impulsando decididamente la nueva evangelización con las orientaciones y directrices trazadas en el Plan Pastoral Diocesano. Que la Virgen María os proteja a todos y os acompañe en vuestros caminos. Un abrazo y mi bendición para todos. (Granada, 24 de octubre 2003, fiesta de San Antonio Mª Claret).

                                                                                                                                        Víctor Corcoba                                                                                                                                                                        CORCOBA@telefonica.net
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